Chalecos amarillos

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

De París a Estambul, los chalecos amarillos aparecen por todas partes. Y es que en las plantaciones los trabajadores están hartos. De momento son chalecos amarillos, pero esa tarjeta amarilla que le están sacando los ciudadanos a los gobernantes pronto será roja. ¿De dónde se creen que salieron en su día los votos de Podemos? De los cabreados de la crisis. De los desposeídos y los hundidos. Y no lo duden, aunque parezca increíble, muchos de esos votos se fueron a Vox en Andalucía y se irán a Vox para el Congreso. El enfado no tiene ideología. La ira no tiene freno. El hartazgo no lo patrocina nadie. Es una galerna que se pone en marcha y que derriba todo lo que encuentra a su paso.

De la sanidad gallega a la vida que es casi imposible para un autónomo, todo tiene un límite. Aquí no hay ni parón navideño, no hay tregua, porque el parado no entiende de festines. Los buenos sentimientos solo se los pueden permitir los que tienen dinero en el bolsillo. El terremoto de los chalecos empezó en Francia. Pero no se va a librar nadie. En España el desastre recaló en las urnas andaluzas. Demasiados políticos que lo único que pretenden es seguir en su puesto. Sánchez va a Barcelona a doblar la cerviz y sonríe. Pero ¿de qué se ríe Sánchez en su carrera, sin dejarnos votar, que consiste en seguir sumando días como presidente? Se ríe de su sombra. Y mientras todos los cabreados en las plantaciones tenemos que trabajar en serio, tenemos hijos que alimentar y tenemos que salir adelante con los dientes apretados.

La socialdemocracia estiró una mentira. De forma especial en Europa. Una mentira que toca a su fin. No hay dinero para hacer una piscina en cada barrio. Los políticos nos venden humo. El político con una idea es una especie en extinción. Todas las revoluciones terminan igual: mal. Ni Cataluña es una República. Ni España es un Estado serio. Ojo, la gente está inflamada y asoma otra crisis que puede ser el golpe de (des)gracia para los que no pueden más con tantas mentiras, un pudridero. Lo pintó el impar Xaquín Marín en una de sus viñetas con las que ilumina La Voz todos los días desde hace treinta años: «E ti a qué banco vas votar nas vindeiras eleccións?».