Un huevo muy caro


Un hombre que estampó un huevo en la cara a un concejal de Democracia Ourensana ingresó en prisión tras haberse conformado con una condena de un año. En principio puede parecer excesivo que por dicho motivo alguien tenga que pasarse un año privado de libertad, pero la ley donde quiso dijo, y en nuestro ordenamiento jurídico se recoge, con matices, que si la pena es inferior a ese período de tiempo no se ingresa en la cárcel salvo que nos encontremos ante un «delincuente no primario». Y en este caso como el sujeto en cuestión tenía antecedentes penales, a la Justicia no le ha quedado otra que recurrir al aforismo romano dura lex, sed lex («dura es la ley, pero es la ley»).

Podemos asombrarnos ante la desproporcionalidad de la pena, pero a los jueces no les quedaba otra si querían hacer bien su trabajo. Es lo que tiene cometer gamberradas que a priori pueden parecer carentes de importancia. Uno, amparado por las masas, se envalentona y olvida que no va a ser su estreno en el mundo de las irresponsabilidades.

Con una buena gestión de su condena no estará mucho tiempo entre rejas, aunque a él, cuando lo excarcelen, le habrá parecido una eternidad. Seguro que jamás volverá a jugar con huevos.

Uno se envalentona y olvida que no va a ser su estreno en el mundo de las irresponsabilidades.

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