Rufianes


Una de las 1.556 personas que en España llevan el apellido Rufián ha armado una buena zapatiesta con una intervención en el Congreso. Que se suma a un montón de líos cuyo denominador común es la forma de dirigirse el diputado a sus adversarios políticos. La indignación que causa en esas ocasiones le está valiendo ser designado con su apellido en minúscula, convertido en nombre común y arma arrojadiza.  

El sustantivo rufián tiene su origen en el italiano ruffiano, que surgió en el siglo XIII. Hay bastante consenso en que esta lengua lo tomó del latín rufus (pelirrojo, rubio), por alusión a la costumbre de las rameras romanas de usar pelucas rubias. Del italiano pasó muy pronto al provenzal como rufian, que en francés se convierte en ruffian. En español aparece ya en 1350, en la traducción de la Historia de Jerusalem abreviada, de Jacobo de Vitriaco. Allí se cuenta que «desde el comienço de la libraçion & recobraçion de la Tierra Santa» fue para allá lo peorcito de cada casa, incluidas «putas publicas que, dexados sus maridos, se llegavan a sus rufianes». La función de estos la confirma Nebrija, que en 1494 registra la grafía rofian, a la que añade «o alcauete».  

Tradicionalmente, el rufián fue, en definición del Diccionario de autoridades, «el que trata y vive deshonestamente con mugeres, solicitándolas, o consintiéndolas el trato con otros hombres. Llámase assí tambien el que por causas torpes riñe sus pendencias». Su empleo con esos sentidos ha perdido fuerza con el tiempo, hasta el punto de que la primera acepción que hoy da el Diccionario es «persona sin honor, perversa, despreciable». 

En el lenguaje germanesco de los siglos XVI y XVII también se llamaba rufián a un personaje del garito «por cuya cuenta corre -explica Quevedo- que, así como se acaba el juego, se agarre de las barajas y las tome, para que no vayan a manos ajenas y se conozca la flor [marca hecha por el tahúr]; y así está obligado, si acaso alguno la pretende, defenderla con braveza y en esta forma lo ejecutan».

Los rufianes han enriquecido el español. Nos han legado rufianar (anticuado) o rufianear (‘hacer cosas propias del rufián’), rufianería (‘acción de un hombre despreciable’ y ‘alcahuetería’), rufianesco (‘de los rufianes’), rufianesca (‘mundo de la gente de mal vivir’, ‘hampa’), rufianismo (‘actividad del rufián’), rufiancillo o rufianejo (‘entre los de su profesión, rufián despreciable’), rufiano, rufista... algunas propias de la germanía y otras ya fuera de la circulación.

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