Precarios, parados, jóvenes


Supongo que para intentar que la generación considerada «joven» logre comprender lo que sucede en la política y las instituciones españolas no son suficientes ni los distintos soportes periodísticos ni las redes sociales. El desaliento y frustración de la mocedad, provocado por su situación laboral, les distancia de otras preocupaciones. Una manera de llamar su atención sobre la crisis institucional y política vivida sería que un Walter Mosley novelara desde la distancia y la amargura de su J. King Oliver esta infame historia de jueces, policías patrióticas, cosidós, corrupciones, procès, partidos políticos y abuso de las instituciones.

Quizá así podrían distanciarse de una cotidianidad que los gestores públicos de alto rango y políticos desprofesionalizados han decidido ignorar como parte de sus obligaciones. Un presente y un futuro que amenaza con seguir la tendencia de estos últimos diez años en España, donde los menores (sic) de 34 años han pasado de ocupar el 40 % del total de empleos, a ocupar solo un 25 %. Con la particularidad de que, como señala CC.OO., el 58 % de los jóvenes menores de 30 años tienen un contrato temporal y el 28 % trabaja por horas.

Y si nos fijamos en aquellos jóvenes con un amplísimo y esforzado nivel de formación de posgrado, en torno a diez o doce años de su vida, como es el caso de los investigadores posdoctorales o de los médicos internos residentes, la precariedad y el paro estremecen. También las políticas en torno a ellos aplicadas por las administraciones públicas. Porque si en todos los empleos de jóvenes se ha instaurado la percepción de que tienen que pasar una especie de mili laboral o una etapa de aprendices en los gremios medievales, es en estos sectores donde la precariedad y la temporalidad se prolongan de forma destemida.

Investigadores posdoctorales y médicos especialistas recientes dependen sobre todo de las administraciones públicas, que sostienen la situación en un discurso de doble moral para ocultar la realidad. Dos ejemplos: El CSIC dice que pretende estabilizar a 1.000 trabajadores precarios, pero con lo que se sabe de las condiciones que se negocian, apenas dos docenas serán científicos. De los cientos o miles sin contar que andan por el mundo nada se dice. El Sergas nos abruma con la falta de médicos, pero él mismo reconoce que en médicos de familia solo contratan al 80 % de los que forman, y en el conjunto de otras especialidades apenas el 65 %. En ningún caso dicen en qué condiciones, ni desarrollan contratos paliativos de la precariedad como aquellos de Euskadi o Baleares.

«Si eres negro has nacido en la cárcel», dijo aquel Malcom X. Algo así sucede hoy con los jóvenes, la deshumanización comienza en la juventud. Por más que uno, por propia historia, no logre ver como juventud a mujeres y hombres de más de treinta años, con una larga vida de esforzados esfuerzos. En busca al menos de una sombra de libertad, la del derecho al trabajo.

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