Fracturas vertebrales

Rafael Arriaza
rafael arriaza TRIBUNA

OPINIÓN

22 nov 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

A veces, el azar hace que alguna situación que parece fatal no lo sea, pero por desgracia, esto también ocurre a la inversa. El estudio que hizo Volvo sobre todos los accidentes de sus vehículos en Suecia a lo largo de varios años reveló que la mayor parte de las fracturas vertebrales habían ocurrido sobre todo, cuando el coche sale dando vueltas de campana, porque en esas circunstancias, se producen fuerzas de compresión y flexión simultáneas que la columna humana tolera muy mal.  

Las imágenes del accidente de la joven piloto Sophia Florsch en Macao hacen difícil explicar que haya salido de él con tan solo una fractura de columna de la que cabe esperar que se recuperará sin secuelas importantes, pero su análisis nos permite ver que tuvo la enorme fortuna de que su coche volase -literalmente- con la parte trasera hacia adelante y que tocase ligeramente con una valla antes de golpear contra una estructura deformable, lo que hizo que el impacto principal lo recibiese de plano y con la protección elevada del habitáculo (ese cockpit que ha sido diseñado y rediseñado en busca de la máxima protección), que sobresale ligeramente por encima del casco, antes que por otras zonas.  

La deformación que sufrió la estructura tubular absorbió una parte de la energía que, de otra manera, se habría transferido al vehículo, que es lo que ocurre cuando un coche impacta contra un elemento rígido y masivo, como un pilar de cemento o un árbol, o incluso el suelo si cae desde una altura. A esto hay que sumar la enorme fijación que les proporciona a estos pilotos el arnés que emplean, y que aunque es incómodo, les solidariza a la estructura del vehículo, minimizando los daños en caso de colisiones.