Frankenstein en Alsasua


Convocados por la plataforma España Ciudadana, el domingo pasado se reunieron en Alsasua unas 300 personas con el pacífico objetivo de homenajear a la Guardia Civil, el cuerpo policial que de un modo más brutal sufrió, durante décadas, los zarpazos del terror. De las 829 personas asesinadas por ETA, 230 eran guardias civiles, casi un tercio de las víctimas mortales de su repulsiva trayectoria criminal. Ni el lugar ni la fecha elegidos para homenajear a la Guardia Civil fue casualidad, pues este octubre hacía dos años que en la localidad navarra dos agentes de paisano y sus parejas habían sido agredidos con absoluta cobardía por un grupo de ocho matones abertzales.

El acto de homenaje a quien defendió durante años en España la libertad de todos frente a la barbarie terrorista se celebró en un ambiente de completa hostilidad, pues el fascismo radical y proetarra es un enemigo feroz del pluralismo democrático. En el que los abertzales consideran un territorio dominado solo cabe hacer lo que permiten estos nuevos camisas pardas que, no pudiendo reventar por la fuerza bruta la reunión, al impedírselo un gran despliegue policial, utilizaron todos los medios a su alcance para boicotear un acto en defensa de la libertad: hicieron sonar campanas, tiraron petardos y abuchearon sin tregua a los reunidos.

Pero los fascistas no lograron evitar que se escuchara, limpia y alta, la voz de los demócratas. Entre otros la de mi querido Fernando Savater, luchador por la libertad que tantos admiramos, quien defendió que «no tendría ningún sentido que deshiciéramos los estados democráticos, para dar gusto a etnicistas e identitaristas, y perdiéramos la oportunidad de crear esa España y Europa unida, donde lo que cuente no sea de donde viene cada cual sino las ideas y las leyes compartidas y el propósito de avanzar juntos hacia una España y una Europa más justas».

Lo vergonzoso, por previsible, no fue, sin embargo, el inmundo acoso de los nacionalistas -entre los que se encontraba el llamado Carnicero de Mondragón, etarra autor de ¡17 asesinatos!- sino la obscena reacción del PSOE y el Gobierno corresponsabilizando de los incidentes, por supuesta «provocación», a los demócratas. Lo hizo con una desvergüenza infinita Ander Gil, portavoz del PSOE en el Senado: «Es una grave irresponsabilidad que las tres derechas vayan de la mano a Alsasua a avivar los conflictos y no a fomentar la convivencia». Y lo hizo el ministro del Interior (¡nada más ni nada menos que del ministro del Interior!) que, tras calificar de «energúmenos» a los agresores, desautorizó, al mismo tiempo, a quienes habían organizado ¡en una localidad española! un acto en defensa de la libertad.

Las increíbles palabras de ambos políticos constituyen la mejor prueba de que el Gobierno Frankenstein ha convertido al PSOE en un doctor Jekyll que se comporta cada vez más como un irreconocible míster Hyde.

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