Decida lo que decida hoy el Gobierno de Sánchez, si es que decide algo, España ha perdido una oportunidad de oro para demostrarle al mundo que la dignidad está por encima del dinero. Pero es que, por lo visto, a este Ejecutivo, jaleado por los progresistas de PP y Ciudadanos y también el Congreso, 2.000 millones de euros al año le hacen perder la decencia.
No vamos a descubrir a estas alturas lo que es Arabia Saudí. Ni las buenas relaciones, quizás demasiado buenas, que mantiene con nuestro país. No vamos a recordar que es uno de los lugares donde más se vulneran los derechos humanos, con 150 ejecuciones el pasado año y donde aún se aplica la práctica, o lo que sea, de la crucifixión. No es necesario. Pero aunque nada de esto ocurriese el episodio de la muerte y descuartizamiento del periodista Khashoggi, es más que suficiente para que España hubiese seguido la estela de otras democracias suspendiendo los negocios. Pero prefirió zanjar el asunto asegurando que el Gobierno está consternado.
París y Londres han censurado a los saudíes. Alemania fue más allá suspendiendo la venta de armas y pidiendo a sus socios europeos que hagan lo mismo. Pero España, que acaba de superar el capítulos de los 400 millones de bombas de precisión, se siente incapaz de dar el paso y aguarda a hoy para poder interpretar y digerir las explicaciones de Riad pese a que ya el ministro de Exteriores saudí calificó la muerte del periodista crítico como «un grave error» y Erdogan como un «asesinato planificado».
España está siendo rehén de un país asqueroso, con el que tiene negocios que le reportan 2.000 millones anuales. Gran parte de ellos en el naval. Paga el peaje de alejarse de sus socios europeos. Para estas alforjas no precisábamos un Gobierno que se dice, y se cree, progresista y reformador. Y también europeísta. Porque con decisiones como la tomada, lo único que hace es alimentar el discurso xenófobo y dar argumentos a esos señoritos que recorren toda Europa asegurando que España no está a la altura de las democracias europeas.