De andaluces y de gallegos


Las alusiones a los tópicos territoriales suelen costar caras. Es famosa la de Rosa Díez del 2010. Aquel «Zapatero es gallego, en el sentido más peyorativo del término» provocó una tormenta política y se llevó por delante buena parte de las escasas posibilidades de UPyD de funcionar electoralmente en la comunidad. Recientemente Toni Cantó recogió el testigo y, en aras del centralismo recalcitrante, dijo una barbaridad: «Es un hecho que el castellano ha desaparecido de Galicia».

El diputado, abonado a los incendios en redes, intentó después dotar de razonabilidad su tesis, pero volvió a pecar por exceso al intentar aprovechar un drama personal (el del exviolonchelista de la Sinfónica que toca en la calle) para volver a prender el fuego de una polémica artificial.

El castellano no está marginado en Galicia y los niños andaluces no son analfabetos. La frase la dijo en su día la exministra Ana Mato, aquella mujer que no se sorprendía cuando aparecían Jaguars en su garaje. Resucitó ayer en Twitter a causa de otra exministra de Rajoy, Tejerina, que se desayunó en TVE con un «en Andalucía lo que sabe un niño de 10 años es lo que sabe uno de 8 en Castilla y León». Algún informe lo respaldará, pero sonó a chiste, de los que no tienen ninguna gracia. Y menos aún en plena precampaña electoral.

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