La extrema derecha se está colando en nuestras vidas como la humedad se filtra por las rendijas de las paredes. Casi sin darnos cuenta y con especial rapidez en los últimos meses, nos encontramos con que lo que algunos denominan movimientos populistas y que no son más que fuerzas políticas ultraderechistas, están ocupando espacio en todo el mundo.
La victoria del llamado Hitler brasileño, Bolsonaco, llega al tiempo que se nos anuncia una alianza ultraderechista en Europa. Y después de los espectaculares resultados electorales de los extremismos en Polonia, 37,6 %; Suiza, 29,4 %; Austria, 26 %; Dinamarca, 21,1 % o Francia, 21,3 %. Presencia también importante aunque sin llegar a estos niveles, lo que lograron en Hungría, Italia, Reino Unido o Alemania. Y aquí, a nuestro lado, ya comienzan a vaticinarnos que los ultras de Vox van a estar en el Congreso.
Bastante teníamos con la derechización de Casado y Rivera por temor a perder su espacio, cuando nos topamos de frente con la eufórica presentación de Vox y sus 9.000 incondicionales marcando el terreno de por dónde quieren que vayan las cosas. Supresión de las autonomías, derogación de la Ley de Memoria Histórica y contra la violencia de género; ilegalización de los partidos «separatistas» y endurecimiento de las políticas inmigratorias son algunas de las medidas que nos anuncian.
Y a esta situación, ¿por qué llegamos? Pues, en gran medida, por una crisis económica que ha dejado rota a las sociedades con mayor desigualdad e índice de pobreza insoportables. Por el debilitamiento de las democracias y por unas políticas sociales y económicas totalmente erróneas. También por una falta de respeto a la voluntad popular. Pero, por encima de todo, por una clase política desastrosa, de un nivel ínfimo, que es incapaz de solventar los problemas y de presentar un proyecto ilusionante y de futuro.
No miremos para otro lado. La extrema derecha se nos está colando, y lo que nos amenaza es exactamente igual que el totalitarismo de los años treinta.
Y ya sabemos cómo acabó la cosa. Por dejarlos pasar.