Alberto es mucho


Una pregunta bien sencilla: ¿saben ustedes el nombre de los conselleiros? ¿De alguno de los nuevos o, incluso, de alguno de los anteriores? Esta apuesta es fácil de ganar. La respuesta es «no» en un 90 % de los casos. Seguro. En esta comunidad autónoma los ciudadanos de a pie, esos que no andan en cuchipandas ni llaman a las puertas de los despachos a la caza de un «arrégleme lo mío», no conocen a los que los gobiernan. No los conocen ni de vista. Eso no es normal, pero ocurre. Nos guste o no.

Alberto Núñez Feijoo (Ourense, 10 de septiembre de 1961) tiene un poder de seducción que eclipsa a sus colegas de gabinete. Los elige de perfil técnico y poco político. Quiere que le planteen problemas y le aporten soluciones, pero todos ellos tienen claro que la última palabra es la del «jefe», sustantivo que alternan con el «Alberto». En plan colegueo.

En el mundo político, a Feijoo pocos le ganan en el manejo de tiempos, en su don de gentes, en su sorna -tras la que pocas veces se sabe lo que se esconde- y en su habilidad para reconducir situaciones de las que sale posicionado como líder. En Galicia; y quizá también en Madrid, donde lo están esperando con los brazos abiertos y los puñales en la boca. Porque hoy, en la capital, una verdad se contraataca con una mentira. Todo sirve. Da lo mismo, que da igual.

De los cambios efectuados, parece que el presidente quiere dar una nueva vuelta de tuerca a la educación, donde dicen busca la excelencia. Ha creado una consellería específica para el asunto, que esperemos revuelva en los másteres universitarios que se están impartiendo en Galicia. Ha incrementado el peso de la de Cultura y Turismo, con el Xacobeo 2021 a la vuelta de la esquina. De lo demás, poco hay que decir. Solo cabe preguntar: ¿Hasta dónde quiere llegar Feijoo en las municipales con su ego presidencialista?

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