Designated survivor


É l es el superviviente. Sobrevivió encerrado en un búnker mientras una bomba se llevaba por delante el símbolo de la democracia norteamericana. Y pasó a convertirse en presidente, a ser llamado por ese apelativo rimbombante que saborean cada vez que pronuncian los estadounidenses. El líder del mundo libre. Sobrevivió a la muerte de su esposa y a un escándalo político de magnitudes catastróficas. Sobrevivió no uno, sino varios complots políticos para sacárselo de en medio. Sobrevivió a la adolescencia de un hijo y fue sobreviviendo a la merma de calidad argumental con la que cada capítulo superaba al anterior.

Él es el superviviente. Ha sobrevivido a un americanismo empalagoso, a la repetición constante de que son la mejor nación sobre la faz de la tierra. Han sobrevivido al buenismo imperante en cada crisis de gobierno. Y ahora, ha sobrevivido incluso a la cancelación. A la desaparición. Al olvido. A la muerte de un personaje. Abc tomó la decisión de que Tom Kirkman tenía que dejar de ser. Netflix ha tomado la decisión de que Kiefer Sutherland regrese, otra vez, como el sucesor designado. Otros diez capítulos de una serie que comenzó con fuerza pero fue perdiendo fuelle hasta que acabó convirtiéndose en un fiasco. Adictivo, eso sí. Pero que acabó haciendo daño.

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