Estaba en una de esas cajas de latón de galletas inglesas donde se guardan las fotografías, donde se guardaron siempre antes de archivarlas en la memoria virtual de los teléfonos móviles. Era un retrato de grupo, una foto de familia, debía de ser agosto cuando todavía el calendario no emprendiera la ultima década del siglo.
Qué bien lucíamos celebrando en traje de baño el milagro del verano, una belle estate de Cesare Pavese, vivía en esa fotografía, la playa era la misma playa que pisamos este año, la mar era la misma mar, y el azul del cielo era ese azul intenso previo a que el plomo se funda en las nubes y lo coloree de grises.
Únicamente nosotros no éramos los mismos, pasaron sobre nosotros un puñado de veranos, muchos agostos que nos recordaban, mirando el retrato, la sombra de lo que fuimos,
Y el tiempo pasó, se posó en los cabellos que fueron blanqueando nuestras sienes, pasó veloz, como una sinfonía de suspiros, y motivó que se avivaran los recuerdos que crecieron con nosotros encadenando otros veranos. Y por mi mirada cruzaron fugazmente los fotogramas de las viejas películas, y Pauline en verano, de Rohmer, dejó paso a Verano del 42, de Mulligan, antes de ver a una joven Daryl Hannah disfrutando de Santorini en la Grecia más intensamente frutal, para llegar con una nostalgia sentimental propia de estos momentos postvacacionales a Cuando llegue septiembre con la mas explosiva Gina Lollobrigida. Y les iba poniendo banda sonora a los recuerdos, la propia de las películas, o la que imaginaba si fueran en cine mudo y elegí un tema común con una versión de Summertime interpretada por Billie Hollyday, sin olvidarme de las playas californianas en las voces de los Beach Boys. Pero sobre todas prevaleció melancólica la banda sonora original de Cuando llegue septiembre.
Y supe que no hay que volver a ver las fotos de un verano, de un tiempo en el que todavía faltaban por escribir muchos capítulos de la vida, que afortunadamente se ha portado muy bien con los cuatro que formamos el retrato de grupo, y no es cierto que recordar sea volver a vivir, al menos es evidente cuando son gráficos los recuerdos y se convierten en testimonio de lo que hemos sido. Volveré a esa playa y volverán otros veranos, quizás pueda apresarlos con la cámara del teléfono móvil, pero ya nunca será lo mismo, pasaron raudos los fotogramas de las películas por la cinta sin fin de mi retina, las canciones amadas reiteraran sus notas que se esconden en el mas rayado de los discos recordados, y solo sonará septiembre en septiembre, que como bien saben es el mes en que se guardan en la caja de latón de galletas inglesas, las viejas fotografías, y entre ellas, la foto de un verano.