Los babesos


Ahí están. Agazapados. Mezclados entre la gente. Tomando algo en una terraza, leyendo el periódico. Paseando. Esperando su turno en la cola del supermercado. Concentrados en lo que sale de su móvil en el transporte público. Charlando con las amistades, o callados apurando el paso de camino al trabajo. Ahí están, pidiendo una copa en la barra del bar. Comiendo palomitas en la butaca de al lado. Ahí están, en bañador, acercándose a la orilla, echando la siesta, chapoteando. Ahí están, indistinguibles. Si hasta parecen normales con la toalla en la mano. Pero no. Son los babesos, esa tropa a la que en cualquier momento el machismo les acaba supurando. Un veneno que solo les sale por los poros cuando van en grupo. Una tropa de cobardes envalentonados. Y mientras Elisabeth López está en directo, uno de estos se acerca y le da un beso. Y el resto, demostrando que no tienen cerebro mientras lo están jaleando. De verdad, no se puede ser más repulsivo. Esta semana le tocó a ella. En el Mundial a María Gómez y a otras muchas que, aunque esta caterva no sea capaz de entenderlo, estaban trabajando. Pero ay, pasa a diario. Cuando te tocan en el transporte público. Cuando te agarran mientras estás bailando. Cuando te gritan barbaridades, y no solo desde los andamios. Babesos con ínfulas. Machistas descerebrados. A ver si queda claro. No sois graciosos. Lo que dais es asco.

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