«It's very difficult todo esto»


Entre las frases célebres que Mariano Rajoy ha legado a la posteridad, además de aquel trabalenguas sobre los vecinos y el alcalde, y lo de «cuanto peor para todos mejor, mejor para mí el suyo beneficio político», hay una que es mi preferida, porque no se trata de un lapsus, sino de una verdadera síntesis de lo que significa gobernar. Cuando llevaba menos de un año como presidente, en una cumbre europea le dijo esto al entonces primer ministro británico David Cameron: «It’s very difficult todo esto». Y, en efecto, era very difficult gobernar España, incluso con una formidable mayoría absoluta como la que él tenía, porque había heredado un país en bancarrota, amenazado de intervención y con un escalofriante paro del 22,5 %. «Vivo en el lío», había confesado Rajoy nada más llegar a la Moncloa, esta vez en perfecto castellano, resumiendo aún más sucintamente lo que es gobernar. Lo curioso es que esto último se lo dijo al expresidente catalán Artur Mas en una de las últimas visitas de este a Madrid. «Yo también, yo también», contestó Mas, que acabó metiendo en su lío a Cataluña y a España entera.

Seis años después de aquello, es muy probable que, entre lince y lince, Pedro Sánchez le dijera también a la canciller alemana, Angela Merkel -en su caso en perfecto inglés-, que gobernar es «very difficult». Y lo es porque, al contrario que cuando se está en la oposición y soltar diatribas demagógicas sale gratis, cuando uno gobierna, cada acto y cada discurso político afecta a 47 millones de españoles. En la oposición, por ejemplo, uno puede llamar «racista» al presidente de la Generalitat y no pasa nada. Pero gobernando, no. En la oposición, uno puede prometer que va a derogar la reforma laboral, a publicar la lista de amnistiados fiscales o a reducir el gasto en Defensa y la aportación a la OTAN. Pero cuando se llega al Gobierno, uno hace todo lo contrario. Estando en la oposición, uno puede publicar un tuit cachondeándose del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y pedirle que «deje al mundo en paz», o criticar a Rajoy diciendo que «cabecea ante Merkel cada vez que decide aplicar medidas de austericidio», como hizo el líder del PSOE. Pero resulta que cuando llega al Ejecutivo, Sánchez busca desesperado una foto saludando a Trump, aunque sea asaltándole al paso y agachando la testuz, y recibe a Merkel como un niño al que visitara su severa institutriz, presentando como un éxito que la alemana le exija endurecer la política migratoria para que la UE aporte dinero a Marruecos, no a España. En la oposición, uno puede frivolizar sobre el problema de la inmigración y recurrir ante el Constitucional las devoluciones en caliente de quienes asaltan la valla de Melilla. Pero, cuando llega al Gobierno, a uno le toca defender esas polémicas expulsiones exprés ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, como ha hecho Sánchez, y admitir que el problema de la inmigración es una «emergencia» nacional. Sí, señor Sánchez, it’s very difficult todo esto. Y gobernar supone, como ya ha comprobado, vivir en el lío.

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