Un territorio, un partido

Uxio Labarta
uxío labarta CODEX FLORIAE

OPINIÓN

A la espera de que el presidente Feijoo haga públicas sus preferencias, o se reserve, en estas primarias de aprendizaje en un partido tradicionalmente vertical, no puedo dejar de recordar la extrañeza que provoca en mis amigos de fuera la larga hegemonía del Partido Popular en la comunidad gallega.

No tengo duda que Galicia, como el País Vasco, Andalucía o Cataluña son «sitios distintos». Tan poca duda como se ha podido interpretar en la Constitución del 78, por más que lo de Andalucía fuera sobrevenido.

El camino de Galicia para alcanzar su reconocimiento fue trabajoso. Algunos porque no aceptaban un estatuto de autonomía escaso, o incluso cuestionaban aquella Constitución que lo amparaba. Otros porque la autonomía les parecía un exceso y ponía en cuestión la unidad de España. Las primeras elecciones autonómicas gallegas se celebraron el 20 de octubre de 1981, ocho meses después del golpe de Estado -aquel sí- de los Tejero, Milans del Bosch o Armada. La abstención de casi un 54% puede que tenga que ver con todo ello además de la enmarañada situación de aquella Unión de Centro Democrático en descomposición pero, con todo, solo sobrepasada en 25.000 votos y dos escaños por la todavía Alianza Popular.

El fallecimiento de Gerardo Fernández Albor es ocasión para reconocer el trabajo de sus gobiernos y de él mismo en la construcción de Galicia como «sitio distinto». Y el trabajo de Xosé Luis Barreiro Rivas desde la vicepresidencia de la Xunta y sus responsabilidades en una construcción galleguista del Partido Popular que con luces y sombras, propias y de los contrarios, lograron un partido que contribuyó a que Galicia ocupara también lugar como «sitio distinto».

En el espejo

Por eso cuando algunos amigos y/o políticos preguntan por la hegemonía gallega de los populares es fácil ponerlos ante su propio espejo si son vascos, catalanes o andaluces. Porque dejando aparte diferencias en las eficacias y eficiencias en la acción de Gobierno, que son evidentes y de singular magnitud en numerosas políticas y sectores, los populares gallegos son, para gusto o disgusto de muchos, un partido hegemónico del territorio, como el PNV en el País Vasco, la CiU pujoliana, o la Andalucía del PSOE, si bien con menos cintura política para pactos y acuerdos sobre Galicia y sus necesidades con las otras fuerzas o instituciones políticas no afines. Por más que en los partidos y su hegemonía todo sea susceptible de cambiar como se ha ido viendo en estos últimos años. No así los «sitios distintos».

Por todo lo explicado Alberto Núñez Feijoo, luego de esa primera entrevista al parecer esperanzadora con el inesperado presidente Pedro Sánchez, y ya que renunció a competir por la presidencia del Partido Popular, podría de una vez empeñar sus ambiciones en construir una Galicia próspera y eficaz para los gallegos, los menguantes de dentro y los demasiados de fuera. Con la certeza de que el esfuerzo de hacerla avanzar como «sitio distinto» es una necesidad, o quizás solamente nos quede Portugal.