Recuerdo los durísimos artículos que se escribían hace solo unos años, cuando más arreciaba la crisis -incluidos algunos del arriba firmante- contra Angela Merkel. Se la consideraba culpable de las políticas de austeridad que golpeaban sobre todo a los países del sur de Europa y de la humillación a la que su implacable ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, sometió a la Grecia que lideraba Tsipras. No nos faltaba cierta razón a los críticos. Sin embargo, ahora las cosas han cambiado totalmente. La vituperada canciller alemana, que lleva casi 13 años en el poder, se ha convertido en el símbolo indiscutible de lo que significa la Unión Europea, asediada por la guerra comercial y los desplantes de Trump, carcomida por los gobiernos xenófobos, autoritarios y nacionalistas de Italia, Polonia, Austria o Hungría y disminuida por el demencial brexit. El mayor espacio de libertades, bienestar y solidaridad del mundo, con todos sus defectos, está amenazado desde dentro y desde fuera. Y Merkel resurge como la gran esperanza de los demócratas, el último bastión a derribar por esta inquietante ola populista que invade el viejo continente. Sus valientes políticas de inmigración y asilo le costaron muchos votos, que se fueron a los ultras de Alternativa para Alemania, y casi provocan su caída por las disensiones con su principal socio de gobierno, los conservadores bávaros. Pero ha resistido, aunque cediendo en su política inmigratoria y debilitada internamente. El proyecto europeo está en sus manos y en las de Emmanuel Macron, pero cada vez tiene más enemigos y más poderosos. Cuanto más sólido sea el eje franco-alemán, con el respaldo de países como España, mejor para el futuro de la UE. Aguanta, Merkel.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
11 votos
Comentarios

Aguanta, Merkel