Erdogan, cinco años más

Yashmina Shawki
Yashmina Shawki CUARTO CRECIENTE

OPINIÓN

28 jun 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Ni un atisbo de sonrisa. Ni un mínimo gesto de amabilidad. Ni la más mínima señal de empatía. En el vídeo grabado el día antes de las elecciones, se le ve con gesto cansino repartiendo cajas de juguetes que sus ayudantes le pasan dentro de un autobús. No debería de sorprender en el personaje, pero sí en la actividad que estaba realizando: comprar votos. Y es que a Recep Tayyip Erdogan no le hacía falta caer simpático, ni mostrar el rostro humano y afable de un candidato a la Presidencia. En el ejercicio del poder desde el 2003 cuando accedió al cargo de primer ministro y como presidente desde el 2014, ha vuelto a ganar las elecciones de este año, lo que le garantiza seguir ejerciendo el cargo de Sultán hasta el 2019, cuando rozará los setenta años, ahora con más capacidad de mando tras los cambios constitucionales.

Y es que, si algo hay que reconocerle a Erdogan es su resistencia, su persistencia y su mano implacable. Para alguien que fue condenado a diez meses de cárcel en 1998 por atentar contra el laicismo de su país al recitar un poema con alegorías religiosas; que se vio obligado a abandonar el partido islamista en el que militaba, y que en el 2001 fundó el Partido de la Justicia y el Desarrollo con el cual ganó las elecciones del siguiente año, un intento de golpe de Estado como el que sufrió en julio del 2016 sólo ha sido un bache en su imparable camino hacia el dominio absoluto. Un bache que ha sabido aprovechar para deshacerse de toda la oposición intelectual y política -profesores, periodistas, escritores-, así como de la militar y religiosa, lo que le ha dado una gran ventaja electoral. Pero, además, le ha servido para reiniciar la persecución a los kurdos, un tercio de la población del país, que lleva reivindicando su independencia desde la constitución de Turquía como República en 1923 y quienes, probablemente, sufrirán la venganza de quien no tolera la disensión.