¿Cómo conjuga Sánchez el verbo dialogar?

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Además de intentar hacerse con el control de RTVE a través de un Real Decreto-ley que expulsa de un consenso básico al PP y a Ciudadanos (al 48 % del Congreso y la mayoría absoluta del Senado) y que solo podrá convalidarse, por lo tanto, con los votos de quienes hicieron a Sánchez presidente (Podemos, el PNV y los partidos golpistas catalanes), el nuevo Gobierno se ha dedicado a dos cosas sobre todo: los fuegos de artificio (el Valle de los Caídos y la demagogia con un problema tan grave y trágico como el de la inmigración) y un giro radical en relación con la crisis secesionista catalana, que solo se aprecia de verdad al poner una tras otra las medidas que el ejecutivo ha adoptado o anunciado hasta la fecha. Hagámoslo. Nada más tomar posesión, el Gobierno levantó el control de los gastos de la Generalitat. Luego, el presidente o sus ministros han hecho anuncios sin parar: que se acercará a los procesados por rebelión y en prisión provisional a cárceles catalanas (donde las algaradas de solidaridad podrían ser diarias), que se renuncia a llegar a un acuerdo sobre financiación autonómica (medida movida por la vana ilusión de cerrar un pacto bilateral con Cataluña, aunque sea a costa de perjudicar a las demás Comunidades), que se está abierto a retirar los recursos presentados por el Gobierno ante el TCE (lo que convierte al Estado en un feriante) y que podrían recuperarse por ley orgánica las partes del Estatuto catalán declaradas inconstitucionales, lo que, además de ser un dislate jurídico y un escándalo político, arrasa de hecho al TCE, pieza clave de nuestro sistema democrático. Tanta obsequiosidad con el independentismo solo puede tener dos explicaciones. O bien es el fruto de los pactos previos con los golpistas que habrían permitido la aprobación de la censura, lo que supondría que Sánchez habría engañado a todo el mundo, empezando por el PSOE; o bien es la consecuencia de la irresponsabilidad de quien ofrece y ofrece sin exigir a cambio nada.

Cabría, claro, una hipótesis peor: que el entreguismo del Gobierno -ratificado ayer con una imagen que vale más que mil palabras: la animada charla del presidente del Gobierno con el de la Generalitat, después de que este tratase al jefe del Estado como a un trapo- sea el fruto de lo pactado previamente; y que Sánchez, por una mezcla de su inexperiencia y su ambición por apuntarse un tanto a toda cosa, aunque solo sea propagandístico, haya optado por asumir las exigencias de la Generalitat, sin que los secesionistas se hayan movido ni un milímetro. Sea como fuere Sánchez juega con fuego, lo que es muy peligroso para él, pero, y esto es lo principal, pone al Estado al pie de los caballos frente a los rebeldes que siguen empeñados en su proyecto de una Cataluña republicana e independiente. Puede que a eso el Gobierno le llame dialogar, pero la verdad es que se trata de algo muy distinto: un puro trágala.

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