La aldea gala de Feijoo


Consiguió dar un salto social más propio de la American way of life -donde todos pueden llegar a ser presidente-, que de su pueblo natal. Desde 1990, cuando compareció por primera vez en sede parlamentaria como alto cargo de las consellerías de su mentor, Romay Beccaría, asomaba un técnico correoso y cargado de datos que cansaba a los más vehementes opositores.

Impasible ante índices enhiestos y presagios apocalípticos, Feijoo no se inmutaba por nada. Desde entonces, recuerdo haberlo visto flaquear en contadas ocasiones: cuando la tragedia de Angrois; en un acto solemne donde hubo de contener un sollozo al pronunciar la palabra totémica que hacía llorar al más genuino Fraga-antecesor; recientemente, hablando con admiración y afecto de Rajoy, y en su comparecencia de ayer.

No sé cómo habría sentado en los conventillos madrileños este temperamento crítico, confirmación del tópico del gallego que nada y guarda la ropa y que mantiene a buen recaudo su vida privada, pese a lo cual han circulado por todas las redacciones sus amistades peligrosas. Feijoo no ha querido involucrarse en una disputa en la que siempre alguien resulta malherido: o uno de los contendientes, o el propio partido, o los intereses que lo sustentan. Y también hace lo que una gran parte de los herederos de padres arruinados: renuncia a la herencia contaminada para no perder lo suyo al rescatarla.

Datos tendrá que le aconsejen mantener sus ambiciones en la aldea gala del noroeste peninsular, donde ejerce a la vez de Astérix, Obélix y Abraracúrcix... Tres en uno, comiendo en el pote la pócima secreta que inventó un druida llegado de la embajada en Britania, diciendo aquello de «galego coma ti».

Al pie de las murallas del Padornelo y de la Canda, el nuevo Sánchez-césar otea el horizonte seguro de que la Gallaecia caerá en sus manos en la batalla de las municipales, donde el PP sufrirá un serio revés con la ayuda de Ciudadanos y el viento del cambio a favor. Salvo nuevo terremoto político, las elecciones generales y gallegas serán dentro de dos años. Tal vez se hagan coincidir por interés de los presumibles candidatos de ambos partidos mayoritarios en este bipartidismo imperfecto pero resistente. Feijoo presentará su cuenta de resultados en la Galicia poscrisis. Sánchez irá llenando su mochila con los logros que consiga acumular en el trayecto que le queda por recorrer. Hoy es pronto para avizorar el futuro político de Núñez Feijoo. Dependerá de los restos del naufragio que se le avecina al PP, porque la paciencia, incluso la suya, tiene un límite.

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