El ministro cometa


Intentar pagar menos a Hacienda no es algo deshonesto, y eso lo demuestran los planes de pensiones, las donaciones, las declaraciones conjuntas, etc. Tampoco parece que la Hacienda Pública sea un dechado de virtudes, como se ve también en sus amnistías fiscales o sus persecuciones a los escritores jubilados, a los cuales quita sus pensiones e impone multas por generar ingresos adicionales, aun pagando sus impuestos. Las pensiones no son de Hacienda, sino de aquellos que las han ido ahorrando mes a mes con sus cuotas. Intentar pagar menos al Tesoro Público, a los rescates de la banca, a los sueldos de los políticos, a las deudas del fútbol, puede que no sea lo mejor, pero no es un delito. Delito es percibir ingresos ilegalmente, ocultar esos ingresos...  

Lo que hacía Màxim Huerta era una práctica habitual, pública y transparente, según nos cuenta el propio ministerio de Hacienda. Ojo al afán purificador porque tal vez en poco tiempo no podrá representarnos más que la corte celestial, a nosotros que no tenemos alas y que una vez nos saltamos el semáforo en rojo. Ponerse delante, en estos tiempos de demagogia y frustración, se paga caro, y sólo los más interesados, los más indiferentes, sólo los políticos de plástico van a quedarse. Yo no conozco al ministro dimitido, sólo sé que apoyaba el mundo del libro y el deporte del rugby, dos cosas mías. Pero cuando lo vi pasar como un cometa, pedí un deseo. Que las conductas se juzguen con la ley, y los políticos con sus políticas. O que en vez de pis hagan colonia.

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