En manos de Dios


Escritora y premio Sor Juana Inés de la Cruz de la Feria de Internacional de Guadalajara (México)

Despeinadas y rebosantes, felices porque no tienen memoria. Como un día cualquiera: manos que se levantan temprano, a eso de las 5.30, que se ponen fijador en el pelo, kilos de maquillaje y antiojeras para resucitar a un muerto. Manos que beben Coca-Cola light para desayunar. Manos que, después de ver los programas matutinos de televisión, envían tuits insultando, por ejemplo, a alguna mujer (a pesar de que no hay manos que tengan más respeto por las mujeres que ellas.) Manos que caminan pesadamente por el Ala Oeste acariciando una corbata roja y haciendo bailar las solapas de su elegante traje negro. Manos que se encierran en el Despacho Oval para luchar contra el Mal, destruir al Enemigo y restituir el Bien del planeta. Manos que compran el silencio de la gente. Manos que reciben a asesores y magnates, rancios empresarios de industria del Rifle y otros miembros del Gobierno. Manos que se mofan de todo lo que tienen a su alcance. Manos que aprietan brazos y hombros y que luego se acomodan sobre la mesa para escuchar lo que quieren oír, exactamente lo que ellas quieren oír. Manos estilo macho dominante que comen grasientas alitas de pollo y hamburguesas con kétchup. Manos que también reciben a dirigentes extranjeros, por qué no. Manos trituradoras de nudillos del primer ministro japonés. Manos cuyos trucos son hábilmente soslayados por el de Canadá. Manos que hacen manitas con las manos del primer ministro francés. Manos infantiles y maleducadas que se niegan a saludar a la canciller alemana. Manos I want to hold your hand ansiosas de causar buen efecto con la primera ministra británica. Manos que hacen bailar juguetonamente el meñique para atraer la mano de la primera dama. Manos que a pesar de tenerlo todo (manzanas enteras de casas, aerolíneas, yates, equipos de fútbol, hoteles, casinos, mujeres, riqueza, poder) aún desean más. Manos falsamente piadosas que por las noches se buscan para rezar, porque rezar a Dios y amasar riqueza fue lo que les enseñaron en su casa. Manos incansables que, antes de apagar la luz, piensan qué más se les ocurre hacer para poner el mundo patas arriba. Manos sordas, soberbias y bobas que se levantan violando acuerdos alcanzados tras años y años de negociaciones, insensibles ante el hecho de que acaban de abrir una nueva crisis mundial. Manos cuyo problema es que siempre creyeron pertenecer a Dios.

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