La dosis de 155 fue insuficiente


Puigdemont solo puede ganar el partido si hay barullo en el área. Y por eso se dedica, con maquiavélico tesón, a embarullarlo todo: antes de las elecciones, provocando rupturas e ilegalidades sin sentido aparente; después de las elecciones, bloqueando la investidura y atrapando a gobernantes, jueces, constitucionalistas y analistas políticos en su máquina de hacer lodo; y en la investidura que se avecina, instalando en la Generalitat a un segundón provisional, convirtiendo el Parlament en una fábrica de ilegalidades y disparates, y llenando de manchones y celadas la imagen y la agenda de España.

Por eso me extraña que los periódicos de ayer apareciesen atiborrados de noticias, análisis y declaraciones en la que se daba por finiquitado a Puigdemont I el Magnífico, señor de Flandes y héroe nacional de la República Virtual de Cataluña. Nadie quiere ver que, parapetado en Bélgica contra los delitos ya cometidos, decidido a recocer a España en sus complejos y en su leyenda negra, y satisfecho de haber llenado las instituciones de títeres que van a seguir delinquiendo por él, el nuevo vecino de Waterloo acaba de obtener un éxito incuestionable sobre la España del orden constitucional y -como diría Rajoy- «del sentido común», al haberse asegurado de que la política española va a seguir instalada en la frustración y el disparate durante dos o tres años más.

En la batalla del orden contra el caos solo puede ganar el caos. Y en la idea totalmente extendida de que al Gobierno hay que darle un purgante de buenismo, para que todo termine sin vencedores ni vencidos orden, solo el señor de Flandes puede tener -y tiene- la sartén por el mango y el mango también.

Por eso quiero adelantar la receta que aplicaría en este supuesto cualquier país serio, gobernado y sin complejos, para pedir que no se pudra más este doloroso asunto. Puigdemont ha demostrado que el procés se hunde, como un castillo de naipes, si no tiene un poder del Estado -la Generalitat- que lo proteja, le dé resonancias exteriores, confunda a los ciudadanos, pague sus facturas, y amilane -como un tigre- a esa liebre mansita que llamamos Estado.

Y por eso es obvio que hay que aplicar el Art. 155 por tiempo indefinido, con amplio consenso, y con un programa de gobierno que saque a Cataluña del desorden y la quiebra, y reponga -en toda la línea- la legalidad constitucional y el orden social.

Y eso solo es posible con un acuerdo de Estado entre PSOE, Ciudadanos y Partido Popular. No hacerlo así será una irresponsabilidad, de la que yo -como he demostrado al silenciar este tema durante el último mes- no quiero participar. Porque, como muy bien les dijo la inteligente y valiente Inés Arrimadas: «Ustedes solo quieren alargar el procés. Quieren lío, lío y lío, porque el procés se ha convertido en su modus vivendi». Pero doña Inés solo hay una. Y los demás observan el mundo, apaiolados, desde sus reinos de taifas.

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