El desvarío catalán


Huele a esperpento en la Dinamarca del Mediterráneo. Más de siete millones de personas son rehenes de un vividor escondido en Waterloo. Casa de 4.000 euros al mes de alquiler, despacho de lujo en un hotel del otrora españolista Joan Gaspart, cenas de champán y langosta con el amigo pagafantas... Puigdemont se ha acostumbrado a vivir como un marqués de la falsa república catalana. Poco le importa haber arrastrado en su desvarío a decenas de leales colaboradores que se enfrentan a inciertas penas de cárcel. El último desvarío es proponer un rosario de imputados para sucederle: Jordi Sánchez, Turull, Rull... De los problemas de los catalanes ya se ocuparán otros. O el 155.

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