Acostumbrados a una rotación de cargos gerenciales en la sanidad, asombra encontrarse con la dimisión de un jefe de servicio por su desacuerdo con la gestión que le imponen para atender a sus enfermos. Y digo asombra, no sorprende, porque las características personales del doctor Corsino Fernández Vila, médico y monfortino acreditado y profesor de la Complutense, se corresponden con la difícil decisión tomada.
La causa esgrimida estriba en la imposibilidad de resolver una lista de espera de cataratas de 1.852 pacientes, que es cuatro veces superior a la que el Sergas o su gerente dan oficialmente. Y todo porque la gerencia no da recursos humanos para resolverlas. Ni siquiera peonadas, como sucedió anteriormente.
De cataratas no suele morirse nadie, pero cierto que son la mayor causa de ceguera y su solución es quirúrgica. Por eso sorprende que alguna labor administrativa médica pudiera considerarse, extrañamente, merecedora de peonadas, y las estrictamente quirúrgicas no.
Cuenta la leyenda que el pavor de cualquier gerencia hospitalaria viene de los conflictos de limpieza, luego de los de otros servicios generales, pero sobre todo del entorno quirúrgico, sea este anestesia o cirugía. Venimos de un tiempo donde la sanidad se agita. En mi opinión, una actividad que consume el 41 % del presupuesto de la Xunta es merecedora de más debate y mejor gestión. Por ello llama la atención la información puntual de las gerencias para contraprogramar una manifestación en defensa de la sanidad pública. Y en esa contraprogramación, aparte de acudir al populismo del poder del ciudadano, se esgrimen argumentos en 2018 propios, conocidos y no resueltos desde hace años. Hace poco, la gerencia del Chop y la dirección asistencial esgrimían la escasez de médicos de atención primaria, pediatras y anestesistas. Lo lamentable es que tal escasez estaba diagnosticada y prevista hace al menos siete años, por ejemplo en un borrador del plan de ordenación de recursos humanos del personal estatutario del Sergas. Y lo esperanzador (sic) es el compromiso del gerente de que en su área «a vinculación (contractual) na EOXI será anual». De la precariedad laboral, otro día. Porque la información no es transparente, ni en el Parlamento.
Por ello, uno lamenta que Pedro Corsino se haya visto obligado por su juramento hipocrático: «Si no violo este juramento, pueda yo disfrutar de la vida y del arte, ser respetado mientras viva y recordado con afecto después».