Demasiado frío para caldear las relaciones


No parece el clima más apropiado para un deshielo, aunque sea político. Con temperaturas de -10, los Juegos de invierno que daban inicio ayer en Corea del Sur podrían ser los más fríos de la historia. Y aun así hubo en la ceremonia inaugural abundantes intentos de caldear las relaciones entre las dos Coreas. Se entonó el Arirang -un himno muy querido por todos los coreanos, que se canta tanto en el norte como en el sur-, se ondearon las «banderas de la unificación» -en las que solo se muestra el perfil de la península coreana- y desfilaron juntos los atletas de los dos países. Se podría pensar que los juegos de la paz, como les ha bautizado la prensa de Seúl, lo son de verdad. Como dice la letra de Arirang, «también hay pétalos que florecen en invierno».

Por desgracia, no es así con toda clase de pétalos. La cosa es simple: los sistemas económicos y políticos de las dos Coreas son incompatibles, por lo que la reunificación solo podría llegar por la imposición de un sistema sobre el otro, ya sea de manera voluntaria o a la fuerza. La única razón por la que Seúl y Piongyang agitan de vez en cuando esa bandera de la unidad es porque forma parte de su propaganda. Ambos Gobiernos tienen que hacer ver ante sus respectivos pueblos que se esfuerzan por recomponer el país dividido, mientras esperan que el sistema de los otros se derrumbe.

El verdadero asunto de Corea no es su, por ahora, imposible reunificación, sino su estabilidad. Se trata de evitar una guerra de consecuencias potencialmente devastadoras para el mundo. Y, en este sentido, la ceremonia inaugural de estas Olimpiadas de invierno no ha hecho sino visualizar las grietas que existen en el frente anti-Piongyang. Corea del Sur, Estados Unidos y Japón coinciden en que hay que confrontar a una Corea del Norte nuclearizada, pero cultivan algunas desconfianzas entre ellos. Por ejemplo, la versión de la «bandera de la unificación» que ondearon los atletas norcoreanos mostraba, junto al contorno de la península coreana, la isla de Dokdo. Era una manera de malmeter a Corea del Sur, que ocupa esta isla, con su aliado Japón, que la llama Takeshima y reclama su soberanía. Más evidente aún ha sido la incomodidad del vicepresidente norteamericano, Mike Pence, con el protocolo diseñado por los surcoreanos, que le obligaba a departir con altos cargos de Corea del Norte que están en la lista norteamericana de sanciones.

Son pequeños triunfos de Corea del Norte, pero de poca consecuencia. No por eso se va a romper el frente anti-Piongyang. Pero el problema es que sigue sin aparecer una fórmula que ayude a vislumbrar una solución para Corea. Y es ahí donde el frío de estos Juegos Olímpicos de invierno puede servir de metáfora para este conflicto, congelado desde hace más de sesenta años.

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