El pósit

Nieves Abarca RINCÓN ABIERTO

OPINIÓN

06 feb 2018 . Actualizado a las 08:48 h.

Yo tenía un jefe que racaneaba en pósits. Cortaba los taquitos por la mitad, los repartía entre los empleados y luego miraba orgulloso su obra, mientras su cabeza hacía cuentas celebrando el ahorro en forma de papelitos adhesivos. A final de año todo aquel dinero serviría, sin duda, para las partidas de papel higiénico menos áspero que el mítico Elefante.

Ese jefe pondría el grito en el cielo si entrase estos días en la Galería de Arte de Manchester. Adiós al ahorro de pósits. De hecho, los papelitos de marras han sustituido a uno de los cuadros más famosos de John William Waterhouse, Hylas y las ninfas. Ninfas. Náyades. (Señoritas sumergidas en el agua que experimentan una fuerza ascendente de escandalera según su grado mayor o menor de desnudez).

Por lo visto, una artista llamada Sonya (está claro que la «y» da mucho caché) ha retirado la obra en el medio de una performance artística experimental. Una P.A.E. (pasemos a partir de ahora a denominarla así) en la que se pretende establecer un diálogo entre ella, ella misma, la conservadora del museo y la propia Sonya, encantada de estar allí y de salir en todos los medios del planeta sin hacer nada más que quitar un cuadro de su sitio. La P.A.E. ha sido grabada y también la reacción del público. (También los pósits, ojo). Mientras tanto, los visitantes de la citada galería que intenten disfrutar del arte prerrafaelita (visitantes de museo: esos seres reaccionarios y perversos en busca de nínfulas y piel marmórea) tendrán que conformarse con el festival de papeles amarillos llenos de anotaciones, como las asignaturas de la carrera que se resisten a las imágenes de San José de Cupertino.

Me fascinan los prerrafaelitas. Soy culpable.

En breve visitaré Londres. Tengo que confesarlo: muero de pavor. ¿Y si llego a la Tate Gallery y Sonya ha sustituido la Ophelia de Sir John Everett Millais por unos cuadernos Rubio? Ophelia no está desnuda, pero está en trance de muerte y locura, hay que revisar ese concepto de manera urgente. También corro el riesgo de que se haya perpetrado una P.A.E. contra El despertar de la conciencia, de  William Holman Hunt. Si no lo conocen, búsquenlo. Un hombre al que se le despierta la conciencia al tener a su amante (su amante, NO su esposa) demasiado cerca en un apartamento. Quizá cuando llegue ese cuadro haya sido retirado y sustituido por un conjunto de origami amarillo con mensajes que despierten mi conciencia adormecida de burguesa victoriana. Da igual: iré a la Tate escondida tras un periódico con agujeros y gabardina, como los mirones.

Mientras tanto, en Madrid-El Prado-Noche, La maja desnuda se reúne con La Venus del espejo (de visita fugaz) y las dos calibran, escondidas en el baño, si el año siguiente las partidas de papel higiénico serán del blanco suave o del rasposo Elefante.