El desafío no ha caducado


Gabriel Rufián, el lenguaraz diputado de ERC, podría pasar por visionario. En realidad es un bocazas. Cuando en las horas dubitativas de Carles Puigdemont lanzó aquel tuit de las 155 monedas de plata, Rufián estaba desvelando seguramente lo que en Esquerra Republicana estaba ya muy interiorizado: había comenzado la cuenta atrás en el epílogo del president que se iba a fugar. El resultado electoral, con Puigdemont adelantando desde las cafeterías de la Grand Place a Junqueras encerrado en la celda de Estremera, vino a agrandar la brecha entre dos formaciones cuyo acercamiento coyuntural está agrietado.

En los primeros análisis de urgencia, una vez conocidos los resultados del 21-D, se apuntaba ya la posibilidad de una nueva convocatoria electoral. Proclamaban desde ERC que solo podía haber un candidato a la presidencia para proseguir la travesía hacia la república independiente: el president legítim. Pero apenas disimulaban su disgusto por la estrategia de Puigdemont, encaminaba más a arreglar lo suyo que a dar salida al embrollo político. Y mientras, Junqueras en la cárcel.

Aquel éxito electoral del huido lo enredó todavía más en su propia trampa. Una personalidad mesiánica unida al pavor que parece sentir por las consecuencias judiciales de sus actos lo mantenían en la farsa. Pero el eco de la traición expresada en el tuit de Rufián nunca cesó. Eso y la contumacia de los mecanismos de autodefensa de la democracia alumbraron el instante de lucidez: «Esto ha caducado». Él puede que sí. El desafío sigue vigente.

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