En los últimos años, los ataques de los principales grupos talibanes y de algunos grupos radicales afines al Estado Islámico -Daesh por su acrónimo en árabe- se limitaron a las zonas rurales. Pero no por ello han dejado de ser brutales ya que, solo en los primeros nueve meses del año pasado los atentados ocasionaron la muerte a más de dos mil personas. Son diversos los motivos que justifican esta estrategia terrorista. En primer lugar, el entorno rural es en donde tienen sus bastiones y, por lo tanto, el acceso y retirada de los objetivos les resulta sumamente fácil y rápido tras la comisión de los atentados. En segundo lugar, debido a la complicada orografía del país, la seguridad y el acceso a las fuerzas del orden es más difícil y hay una gran desprotección por lo que los terroristas tienen más libertad de movimiento. En tercer lugar, en el entorno rural, predomina la estructura tribal por lo que son más tradicionales y más susceptibles a la influencia de los talibanes bien desde el punto de vista ideológico bien por el uso de la violencia. En cuarto lugar, es en el medio rural donde se encuentra una de sus principales fuentes de ingreso: el cultivo y tráfico de opio y sus derivados y, por lo tanto, donde permanecen fuertes para protegerlo.
Pero, este modus operandi ha cambiado. En una semana se han producido tres ataques brutales en Kabul, la capital. El primero contra el Hotel Intercontinental donde murieron, al menos 18 personas. El segundo fue contra la sede de la oenegé Save the Children, en el que fallecieron seis personas, y el último, el sábado pasado, en el que una ambulancia bomba ocasionó la muerte a más de cien personas y otros tantos heridos. El primero y el tercero fueron reivindicados por los talibanes mientras que el segundo fue por el Estado Islámico. La respuesta a este cambio puede hallarse en la percepción de una mayor debilidad del gobierno, un exceso de confianza de las fuerzas de seguridad y una voluntad de atemorizar a la población para ir recuperando poco a poco el control en Afganistán ahora que casi han desaparecido de Iraq y Siria.