La negociación del brexit avanza, pero ningún asunto se cierra. Más o menos, se ha aclarado el destino de los ciudadanos europeos en la Gran Bretaña post-brexit, pero la espinosa, casi irresoluble cuestión de la frontera irlandesa ha quedado aplazada para más adelante, lo mismo que la cifra final de la llamada «factura del divorcio» -el monto total de la compensación que deberá pagar Londres a Bruselas-. Ayer se anunciaba solemnemente el paso a la segunda fase, que se dice que será dura; pero la primera fase ha quedado prendida con alfileres. A ello hay que sumar la insurrección de una parte de los diputados conservadores, que hace que todo, esta fase y la siguiente, quede pendiente de una votación final en el parlamento británico.
En el fondo, es un divorcio muy al estilo de la Unión Europea: negociaciones opacas que se prolongan, y se resuelven con aplazamientos, ambigüedades y promesas de revisiones. No podía ser, seguramente, de otro modo. También es costoso: anecdótico, pero simbólico, es el hecho de que David Davis, el negociador británico, se ha gastado, al parecer, más de 50.000 euros en seis meses de viajes de ida y vuelta a Bruselas y otras capitales europeas. No será el único gasto imprevisto, ni en Gran Bretaña ni en Europa, por esta especie de gran malentendido mutuo que es el brexit.
El británico Davis se ha gastado, más de 50.000 euros en viajes a Bruselas y otras capitales Por eso mismo, brexit es un espejo puesto frente a Europa. En la misma cumbre en la que los Veintisiete condecían a Theresa May el paso a la siguiente fase, se daba una patada al balón de la renegociación del sistema de asilo y refugio. Parece que sucederá lo mismo con la esperada pero difícil reforma de la eurozona. Irse de Europa es una complicación, como están viendo los británicos. Quedarse no significa tampoco la paz espiritual, como no han dejado de comprobar los demás.
El aplazamiento es una técnica que le ha funcionado siempre a la UE, y probablemente será así en este caso también. Las negociaciones importantes del brexit, las del período de transición y la de la futura relación comercial entre Gran Bretaña y la Unión, no empezarán de verdad hasta marzo. Esto nos dará a todos un respiro, y un tiempo crucial para que los fontaneros de Bruselas y Londres encuentren una salida para esta salida de Gran Bretaña.