«Ni un paso atrás», decía Forcadell

Xose Carlos Caneiro
Xosé Carlos Caneiro EL EQUILIBRISTA

OPINIÓN

Por 150.000 euros está en la calle. Sus imputaciones son mucho más graves que las de algunos presos preventivos de las cárceles de España. Ella, como presidenta del Parlament, y los miembros del Govern, han perpetrado el mayor ataque a la economía y a la convivencia en la historia de la próspera Cataluña. Es preciso no olvidarlo. Ni la Agencia del Medicamento, probablemente, irá a Barcelona. Ni el Mobile World Congress, probablemente, volverá a realizarse en la ciudad condal si esta locura política persiste. Los comercios venden mucho menos. Las reservas hoteleras se han hundido. El paro catalán, creciendo. Y para todo ello hay unos culpables: los políticos independentistas. Por eso el viernes, mientras se dirigía a su Cataluña luego de pagar una fianza, yo pensaba en todo lo que esta mujer proponía y ya no propone. Resulta que todo ha sido una declaración simbólica, nada más. Resulta que sus ideas valen nada. Resulta, en definitiva, que son unos pusilánimes que han jugado con la laxitud y la flojera de los gobernantes del Estado. Desde Aznar a Zapatero, de Felipe a Rajoy. Aznar, que hablaba catalán en la intimidad con el único político de España (y tal vez del mundo) que ha sido imputado, por blanqueo y fraude y otros delitos, junto con toda su familia. Toda, insisto: él, su mujer y sus siete hijos. Zapatero, que gritó aquella frase gloriosa: «Apoyaré la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento catalán». Felipe, que reía las gracias catalanas a cambio de un puñado de votos y consentía aquello de: «Primero paciencia, después independencia». Rajoy, que pudo parar a tiempo este disparate continuado pero se amedrentó y prefirió ir mal acompañado que solo: con Sánchez y su chantaje para la reforma constitucional. Pero no hablo hoy del pasado, sino del presente, tan pedagógico. Y el presente es ella, Forcadell.

Ella, que el 21 de octubre pronunció una sentencia que se ha tornado falsa aunque muy didáctica: «Ni un paso atrás». Un paso no, cientos. Tantos que ya estamos en la casilla de salida: aquellos tiempos en que la presidenta del Parlament durante el proceso independentista alentaba el odio a España y los españoles. Cuando fue presidenta de la ANC no se dedicó a otra cosa. Dejo alguna de sus proclamas, las más significativas: «President, ponga las urnas»; «No acataremos las imposiciones del Gobierno español. Nuestro adversario es el Estado español»; «Inevitablemente habrá que quebrantar la legalidad española»; «No habrá ningún gobierno ni Estado que nos pueda frenar». Tiene muchas más, prefiero obviarlas.

Está en la calle porque el Estado, que ella y los suyos denomina autoritario y antidemocrático, tiene sus reglas y las cumple. Pero este artículo quedaría cojo si una vez más no citase a aquellos que desde Galicia siguen apoyando este delirio. Es frecuente escucharlos en las tertulias. Y en el Parlamento gallego, por supuesto. ¿Aún no se han dado cuenta del ridículo espantoso en el que están cayendo? No, porque ellos repiten, como Forcadell otrora: Ni un paso atrás.