Dos partidos al frente del Deportivo son muy poco tiempo para juzgar como entrenador a Cristóbal Parralo. La construcción de un equipo, si ya es difícil de por sí, es más complicada cuando se le suma el no haber dispuesto del tiempo suficiente para plasmar y entrenar una idea de juego. A esta complicación se le añade el factor tiempo, y eso es lo que de momento no ha tenido el entrenador deportivista.
La importancia del modelo de juego parece algo incuestionable en el fútbol moderno, y esto junto a la creencia en una idea, es lo que hace que los jugadores sean capaces de ser guiados por su entrenador.
Hace años, en el colegio, cuando uno se esforzaba en mejorar en cada materia, aparecía una nota al final de la evaluación en la que se te calificaba con un progresa adecuadamente (PA). Después de la puesta en escena en el enfrentamiento ante el Las Palmas del pasado lunes esa es la puntuación que cabe dar al Deportivo.
Es inevitable comparar al entrenador actual con su antecesor a la hora emitir un juicio sobre el nuevo comportamiento del equipo. La mejoría mostrada se basó sobre todo en el aspecto defensivo del equipo, talón de Aquiles bajo el mandato de Pepe Mel. Simplemente con crear unos pilares mínimos en la estructura defensiva el equipo ha mejorado. Para que todos me puedan entender, bastó simplemente con presionar al rival en campo contrario. Mejorando la agresividad defensiva siempre que exceptuemos el primer cuarto de hora de partido. Y en el plano ofensivo repartiendo con mayor criterio la incorporación del número de jugadores que atacaban la portería rival. Esto en el argot de los entrenadores se llama equilibrio ofensivo.
Falta saber por tanto si el Dépor continuará mejorando en la búsqueda de un modelo de juego que lo consolide como equipo. El siguiente examen es más difícil, y obligará a entrenador y jugadores a esforzarse y estudiar mucho más.