Lo que el BOE se llevó

Xosé Luis Barreiro Rivas
Xosé Luís Barreiro Rivas LA TIRA DE A TORRE VIXÍA

OPINIÓN

30 oct 2017 . Actualizado a las 18:08 h.

Puigdemont no sabía que «si tus palabras no valen más que tu silencio, debes quedarte callado». Y, puesto en la tarea de pasar del estrellato al ocaso, no pudo resistirse a convertir una escalera de Girona en un pálido remedo de aquel poderoso atril que le ponía el Estado en el Palau de Sant Jaume, desde el que asombraba al mundo con sus obcecadas bravatas. Aun así, pudo ahorrarse el bochorno de pegar su culo al sillón, y limitarse a recitar los versos de Rodrigo Caro: «Solo quedan memorias funerales / donde erraron ya sombras de alto ejemplo, / este llano fue plaza, allí fue templo; / de todo apenas quedan las señales».

Puigdemont está noqueado porque, habiéndose creído el centro del mundo, no pudo imaginar que una ráfaga del BOE le iba a dejar, en menos de tres horas, sin despacho, atril, honores, mossos, parlamento, sueldo, consellers, embajadas, asesores, agitadores, televisión y diario oficial. Y así, pensó, no hay Lenin que se revuelva, porque «solo quedan -como en Itálica- memorias funerales».

Y todo esto le pasó porque, tras subir en ascensor desde una alcaldía provinciana a la presidencia de una república 2.0, nunca creyó que el Estado iba a despertar, ni que Rajoy se iba a atrever, ni que los límites legales son infranqueables, ni que las empresas iban a emigrar, ni que el PSOE iba a pactar, ni que a la gente no le gusta inmolarse por líderes atrabiliarios.