La operación Tarradellas


Es una triste conmemoración el famoso «Ya sóc aquí», pronunciado hace cuarenta años por Tarradellas desde el balcón de la Generalitat, cuando pende sobre ella la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Cuarenta años también desde que abandonara Cataluña para el exilio. Fue la confirmación plástica del restablecimiento de la anulada Generalitat. Estaba allí dirigiéndose a los ciudadanos de Cataluña «porque yo quiero el Estatuto», que conllevaba Gobierno, Parlamento y Tribunal de Casación. Era la culminación de negociaciones en una audaz operación, pilotada por Suárez e instada por el rey, que completaba la reconciliación manifestada en las elecciones de ese año 1977. No fueron fáciles porque aún no existía la Constitución. Tarradellas insistía en que el restablecimiento de la Generalitat bajo su presidencia, con un mínimo de poder político, era el núcleo irreductible de su actitud y Suárez se resistía a hacerlo en aquel momento.

Hasta tal punto llegó el desacuerdo que, según Tarradellas, Suárez le recordó que era el jefe del Gobierno de un país de treinta y seis millones de habitantes y «usted fue el jefe del Gobierno de la Generalitat que perdió la Guerra Civil», que fue replicado por un: «Y usted no olvide que un jefe de Gobierno que no sepa solucionar el problema de Cataluña pone en peligro la monarquía». La tensión no llegó a más y siguieron dando los pasos hasta encontrar la fórmula satisfactoria.

Un hito relevante fue la entrevista con el rey, en la que Tarradellas estuvo acompañado con un amigo, el periodista Carles Sentís, de UCD, el hombre de Suárez en Cataluña. Le recibió el jefe de la Casa Real, Marqués de Mondejar, con el saludo en catalán: «Bon día, senyor president; com está», un buen augurio de que se encontraría una solución.

Según el mismo testimonio, el rey hizo un aparte con Sentís, para decirle que en adelante podrían darle el tratamiento de «Honorable president».

Al acuerdo se llegó después de otra entrevista con Suárez en lo que contribuyó, en la versión de Tarradellas, su firmeza y la influencia del rey, que más adelante le otorgaría un título nobiliario. Para restablecer la Generalitat se utilizó nada menos que un decreto ley basado en el artículo 13 de la Ley de Cortes del anterior régimen político.

Toda una ironía, pero que ilustra de las posibilidades del derecho cuando además existe voluntad política. No es cuestión de explayarse en la opinión de Tarradellas sobre las autonomías, pero vale la pena rescatar su afirmación de que «el Estatuto de 1932 lo tiramos por la ventana el 6 de octubre de 1934. Los grandes entusiasmos, las grandes victorias de Cataluña han tenido el contrapunto de nuestros imprevisibles arrebatos», para concluir en su alocución desde el balcón instando a sus conciudadanos a «ser la avanzada del bienestar, de la prosperidad y de la democracia de todos los pueblos de España». Cobran actualidad cuando los independentistas han intentado fracturar cuarenta años de convivencia.

Para restablecer la Generalitat se utilizó nada menos que un decreto ley basado en el artículo 13 de la ley de Cortes del anterior régimen político. Toda una ironía, pero que ilustra de las posibilidades del Derecho cuando además existe voluntad política.

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