La nave de los locos


Era un pintor maravilloso. Le gustaba reflejar el lado oscuro del ser humano, su verdad oculta, y perfilaba en sus cuadros una filosofía moral intrépida. Aunque a mí de El Bosco lo que más me fascina son los ojos: ese modo de mirar extraño, rotundamente original, que traspasa a sus figuras para revelarlas. En 2016 una exposición de su obra en El Prado fue la más visitada de la historia de la institución. Tanto fue su éxito que los directivos del museo decidieron dedicarle una sala en exclusiva al maestro holandés. Junto con Borges, El Bosco es uno de mis vicios predilectos. Merece la pena visitarlo en Madrid. También en París, donde en el Louvre mantienen una pieza delicada y diminuta (no llega al metro de altura y 33 centímetros de ancho): la nave de los locos. Es El Bosco en estado puro: refleja el mundo al revés.

Una parte de la política española se ha instalado en el territorio de El Bosco. Desde que el Gobierno, por fin, ha decidido aplicar el 155 de la Constitución no dejo de sorprenderme. La perfidia de estos que se declaran demócratas, mientras nos llaman de todo al resto, me solivianta. Su aliento a la posverdad, el engaño, ha superado todo límite. El mundo al revés, decía. Intentan convertir en certezas sus mentiras. Me permito enumerar algunas. Comienzo con ese aldabonazo a la inteligencia que denomina como «presos políticos» a dos agitadores, acusados de sedición, y que estarían encarcelados desde mucho antes en cualquier país avanzado del mundo. ¿O acaso alguien puede creer que en Inglaterra, Francia o Alemania dos individuos que se suben a un coche de la policía megáfono en mano para empujar a las masas contra una decisión judicial, y contra la propia policía, estarían libres? Nadie puede creerlo. En el mundo al revés, sí. Lo mismo que denominar «golpe de Estado» a una acción constitucional que solo pretende restaurar la ley. Ellos son los auténticos golpistas. Ellos, que se saltaron las leyes y vulneraron su propio estatuto, su parlamento y la voz de la oposición para edificar sobre una exigua mayoría la edificación de un nuevo Estado. El mundo al revés: Forcadell hablando de legalidad (¿Puede existir algo más paradójico?). O que griten «libertad» aquellos que han ignorado la libertad de los catalanes «unionistas» para pensar distinto. O que soliciten diálogo los que han monologado durante los últimos años. O que hablen de prensa manipuladora los que han alimentado a la mayor vergüenza periodística de Europa: TV3 y la radio pública catalana. O que denominen como referendo transparente y legal la pantomima, el esperpento, de su uno de octubre. O que resuciten a Franco cuando en la Diagonal de Barcelona, como en la Castellana, recibían al dictador con vítores y alharacas. El mundo al revés. La nave de los locos.

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