Más empresa, más Galicia


Lo más profundo de la tormenta ya pasó. Toca seguir sobre la borda restaurando el barco y, en esa faena, lo primero ha de ser sanidad, siempre sanidad, y de calidad. Un sistema sanitario débil es un golpe en la línea de flotación de los presupuestos de los hogares gallegos, y estos no están para soportar más impactos. Por ello, los 129 millones que van a dedicarse a la sanidad pública de Ferrol, Pontevedra y Lugo o las 300 nuevas plazas de profesionales sanitarios son medidas a aplaudir. ?T?oca?ría? más, pero tampoco debemos olvidar que el techo de gasto, lo que pueden crecer las cuentas públicas, da lo que da, que es tanto como el 2,9 %.

La segunda clave ha de ser, y así es, la educación, pero mientras en la educación media y en la superior no universitaria parece evidente la hoja de ruta marcada, como el plurilingüismo o la formación dual, seguimos sin entender que nuestras universidades deben urgentemente transferir conocimientos a la sociedad que las financia e internacionalizarse. Obviamente, mientras estas dos variables no alcancen el peso suficiente en su programa de financiación, nada va a cambiar.

Cubiertas sanidad y educación, al menos dentro de los parámetros que los ingresos permiten, el tercer eje me parece evidente, y por primera vez se manifiesta abiertamente en unos presupuestos públicos autonómicos: estoy pensando en la fiscalidad empresarial.

Estamos, por tanto, ante unas cuentas que en trazo grueso son de manual de Hacienda Pública. Lo son porque intentan pasar el testigo de la recuperación a la iniciativa privada. Y es que ha de ser así. En austeridad, cuando la inversión empresarial se retrae, el Estado debe asumir el protagonismo que nadie desea, pero cuando el ciclo empieza a dar la vuelta ha de retraerse salvando los muebles, es decir, debe garantizar la calidad de los servicios públicos a la vez que facilitar la inversión empresarial.

Elegir otra opción, como una nueva espiral de obra pública, sería de insensatos, aparte de que no se puede someter a estrés permanente la Hacienda autonómica. Creo que nadie cuestiona ya que el futuro de Galicia pasa por redes, pero no de asfalto, sino de innovación y tecnología.

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