Japón, una sociedad 5.0


Ahora que tanto hay que padecer a los monaguillos de la economía 4.0 es reconfortante comprobar que existe vida inteligente más allá de ese catecismo. Nada menos que en Japón. Según los sesudos informes del Foro Económico Mundial ese país es la octava economía más competitiva del mundo mientras nosotros ocupamos la posición treinta y dos. De manera que nos convendría tomar nota de cómo encaran allí la actual revolución de la ciencia, la tecnología y la innovación (STI para ellos) de la mano de las tecnologías de la información y la comunicación (ICT). 

En un documento gubernamental del año 2015 en el que definen su quinto plan sobre el particular (Report on The 5th Science and Technology Basic Plan), plantean objetivos y prioridades que no acostumbro a ver reflejados en los refritos que nuestros consultores y expertos en la nueva economía digital venden a quien se los quiera comprar.

Y abundan los compradores. Para empezar por allí se pretende que la STI&ICT contribuya a un desarrollo sostenible e inclusivo.

Es un objetivo estratégico crear empleo doméstico («create adequate jobs domestically») y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos al tiempo que se mejora la competitividad internacional. Pero una cosa y la otra. No la última «y luego ya se verá la primera».

Y es así que definen once sistemas prioritarios en los que señalan a algunos como más orientados a esa competitividad internacional, mientras otros lo están hacia la creación y conservación de empleo doméstico.

Si se quiere una simplificación los primeros para la industria y las cosas materiales que vendemos por el mundo, los segundos para los servicios, el comercio y otros asuntos personales que consumimos aquí.

Son estos once: optimizar la cadena de valor energético, sistemas de transporte inteligentes, nuevos sistemas de fabricación, sistemas integrados de desarrollo de materiales, promover sistemas integrados de atención comunitaria, de sistemas hospitalarios y sanitarios, sistemas inteligentes de cadena alimentaria, sistemas de producción inteligentes, información sobre el medio ambiente, mantenimiento y actualización de infraestructuras o lograr una sociedad resiliente contra los desastres naturales.

Bien se ve que hay industria 4.0, pero también servicios y sociedad 5.0. No se crean ustedes que lo relativo a la STI&ICT está borroso en esa estrategia. Nada de eso. Los autores del documento definen hasta quince tecnologías fundamentales o básicas: ciberseguridad, robótica, big data, AI, biotecnologías… en las que no quieren dejar de ser referentes mundiales.

Pero lo que más me llama la atención, y escribo desde un país en el que sería iluso plantearnos esas ambiciones tecnológicas, es el que sean conscientes de que el bienestar social, la calidad de vida y el empleo necesitan que coexistan actividades altamente robotizadas y digitalizadas con otras (educativas, sanitarias, servicios personales, comercio, ocio, etcétera) en las que el trabajo digno y la relación humana directa deben ser crecientes e insustituibles.

El país nipón ocupa el octavo puesto entre los más competitivos del mundo, mientras nosotros estamos en la trigésimo segunda plaza, así que nos convendría tomar nota de cómo encaran la revolución de la ciencia

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