A mí me gusta más el FBI


La escena que más me gusta de las películas policíacas norteamericanas es esa en la que en el lugar del crimen aparecen varios policías con relucientes uniformes, algunos con chorreras y sombreros despampanantes, conduciendo coches con muchas luces destellantes, escudos y letras por doquier. De repente la cámara gira para que veamos llegar una furgoneta negra de la que se bajan unos sujetos vestidos de paisano, sacan una cazadora reversible de nylon que por un lado tiene escrito FBI en grandes letras amarillas, se la ponen y el jefe del grupo se dirige al mandamás de los otros policías, le saluda y le dice: O’Hara, este es un delito federal, el FBI se hace cargo. Y desde ese momento O’Hara y todos los presentes se ponen a su disposición. ¡Es una gozada!

Esa es la película que me hubiera gustado ver frente a los escombros de la casa de la Urbanización Montecarlo, en Alcanar (Tarragona): los Mossos d’Esquadra y la Policía Local a un lado, la juez titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Amposta, Sonia Nuez Rivera, diciéndole al oficial de los Mossos, durante la inspección ocular del chalé, que no casa la teoría de que esa vivienda en ruinas se hubiera utilizado para cocinar cocaína y que más bien parece que las bombonas de gas estuviesen preparadas para una acción terrorista; este contestando «señoría, no exagere que solo son unos escombros y unas cuantas bombonas», y de pronto llega un coche verde del que se bajan dos individuos con uniforme que pone Tedax-Guardia Civil y su mando dice: señoría, inspector Barberá, esto es un delito nacional y desde este momento nos hacemos cargo de la investigación.

Si las cosas funcionasen así, que es como está establecido, quizás los sucesos de Cataluña se hubieran desarrollado de otra manera y la opinión pública internacional y sus medios de comunicación no hubieran constatado la descoordinación política y policial de esos días: los unos siendo desleales y jugando a ser Estado, y los otros disimulando y mordiéndose los labios para no quedar con el culo al aire.

Quizás de esa forma el imán Abdelbaki es Satty hubiera sido controlado por el CNI y no se hubiera quedado en una comunicación entre colegas de la policía local belga de Vilvoorde y el jefe de la unidad de análisis de organizaciones de los Mossos, adscrita a los servicios de información de este cuerpo; quizás los Tedax de la Guardia Civil, a los que no dejaron actuar, hubieran deducido otra cosa distinta a la conclusión precipitada de los Mossos; quizás eso hubiera servido para decretar una alerta general en toda España que habría dificultado la labor de los terroristas; quizás se hubiera detenido a Younes Abouyaaqoub, conductor de la furgoneta y autor de 15 asesinatos, en lugar de matarle entre viñedos, sin peligro para nadie y cercenando la obtención de información vital para la investigación de toda la trama; quizás si todo hubiera sido de otra manera el fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Jesús Alonso, no hubiera tenido que decir con la boca pequeña, al terminar una «reunión de trabajo» entre responsables del área de inteligencia de Policía, Guardia Civil y Mossos d’Esquadra (¿no se convocó a la Ertzaintza?), que «no hemos pedido paz porque no hay guerra», aunque a renglón seguido dejase claro que la policía catalana «no puede dirigirse a cuerpos extranjeros porque no está dentro de sus competencias»; quizás...

Reitero, prefiero al FBI porque no veo a la policía española dirigiéndose a la de Oklahoma y que esta le conteste.

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