El norte de España siempre ha estado vinculado al turismo doméstico: el país va bien, el norte recibe turistas; va mal, se queda sin ellos. Galicia, durante esta crisis, no fue ajena a esta dinámica. Uno pensaría que el turismo religioso podría estar al margen de ella, al fin y al cabo el peregrino se escapa a los patrones del turista vacacional, pues no, no lo ha estado. En julio del 2012 llegaron a Santiago 32.818 peregrinos, este julio 47.470, prácticamente quince mil personas más en un solo mes y está claro que si en algún momento estábamos para buscar la complicidad del Apóstol eran más en el doce que ahora. Fuera bromas, parece evidente que Galicia está viviendo, disfrutando, un pequeño bum turístico. Mejoran positivamente todas las estadísticas, incluido el gran reto, el turismo internacional. Y esta burbuja no va a desaparecer en dos telediarios.

Todas las variables están a favor, tanto el crecimiento económico, como algo más relevante, la saturación del Mediterráneo. Grandes operadores empiezan a plantearse que España es algo más que el sol y la playa del Levante. La cuestión es que esa mirada interesada debería, cuando se centre en Galicia, encontrarse con la nuestra, y mucho me temo que si ahora nos observasen, nos encontrarían con los ojos medio cerrados. A excepción de Pontevedra, que hace tiempo que tiene muy claro todo lo que supone el turismo para su economía, y especialmente para los municipios ubicados en sus rías, y Ourense, que apuesta de modo denodado por ubicarse como potencia termal, Lugo y A Coruña parece que se han puesto de perfil. Los primeros descargan todas sus energías en las murallas de la capital y los segundos en Santiago de Compostela, cuando hay mucho más, bastante. Hemos de creérnoslo.

¿Por qué el número de cotizantes durante el mes de julio ha crecido más, en términos relativos, en Lugo (2,06 %) que en A Coruña (1,37 %)? O ¿por qué Pontevedra (2,08 %) se ha puesto a la cabeza de Galicia y ha creado 7.062 cotizantes, frente a 5.727 de A Coruña? Imagínese ahora que la provincia coruñesa no tuviera un Apóstol enterrado en la catedral más hermosa del mundo, ¿cómo serían sus cifras? Bien, Pontevedra no lo tiene, y ahí está, liderando el turismo. Y que nadie se justifique en la diferencia climática norte y sur, porque es cierto que podría explicar algunas cosas, pero muchas menos de las que pensamos. Ahí está, por ejemplo, A Mariña lucense, motor provincial en estas fechas, ¿gracias a qué? Al sector. Esta es la clave, y ahí es donde debemos centrar nuestra estrategia, en la industria hotelera y hostelera. O lo tenemos claro o no avanzaremos ¿Problema? Hacer entender a la clase política, especialmente a los que gestionan lo cotidiano, a los que permiten el feísmo, a los que dan las licencias, a los que ordenan las costas, que ahora sí, toca remar en la misma dirección.

Por Venancio Salcines Profesor de la Universidade da Coruña

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