Buenos días, septiembre


Agosto, el mes de los alivios, se despidió con dos sobresaltos periodísticos. En La Voz de Galicia, el artículo de su presidente, Santiago Rey. En la senda del desastre ha sido mucho más que un aviso. Ha sido el pórtico de uno de los otoños políticamente más traumáticos que ha vivido este país en toda su etapa democrática. Y ha sido, sobre todo, un aldabonazo contra el conformismo y la cobardía política. En El Periódico de Catalunya, la polémica información del aviso de la CIA de que el Estado Islámico preparaba un atentado en Barcelona, «específicamente en la Rambla». La noticia reabrió las heridas de la matanza, reveló el descuido con que las autoridades policiales atienden o atendieron las alarmas terroristas y puso de manifiesto la facilidad con que se engaña a la población. La reacción del mando político y operativo de los Mossos recordó la reacción del Gobierno español tras los atentados del 11-M.

Y hoy empieza septiembre. Ya estamos en el temido septiembre. En menos de una semana, el pulso legal catalán: la aprobación de las leyes de desconexión, su inmediata anulación por el Constitucional y el paso a la desobediencia, que pondrá a los gobernantes autonómicos a las puertas de los posibles delitos de rebelión o de sedición, si hay redaños para esa acusación. En 10 días, la Diada, que será presentada al mundo como la mayor exigencia popular de urnas o de soberanía que se ha visto en la historia. En 30 días, ese referendo que todo el Gobierno central asegura que no se va a celebrar. Y el 2 de octubre, el día después: el día en que los mismos radicales antisistema que impulsan la consulta e imponen las urgencias impondrán también o la proclamación de la república o su reclamación desde la algarada y el conflicto civil.

Tiempos de vértigo, mientras una parte de la clase política se entretiene con el hueso de la Gürtel, el PSOE pide donativos a sus militantes para echar a Rajoy, Ciudadanos abre otro debate con la limitación del mandato del presidente del Gobierno y Podemos busca aliados para lanzar a Pedro Sánchez a la moción de censura que Pablo Iglesias ya perdió. Para ellos, el desastre que intuye y describe Santiago Rey se limita al nombre de Rajoy. Para ellos todo el problema nacional se reduce al relevo en el poder. Para ellos lo que importa es la Moncloa. Para ellos incluso sería aceptable provocar una formidable crisis política justo en el momento en que España necesita un Gobierno fuerte y unidad política; justo en el momento en que España se juega su desintegración.

Bienvenido, septiembre. A lo mejor hace falta que le veamos el rostro al desastre para que estos alegres políticos empiecen a entender qué significa la palabra responsabilidad.

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