Matar un dragón

Tamara Montero
Tamara Montero CUATRO VERDADES

OPINIÓN

En el fondo, siempre habían estado ahí. Nadie quería creerlo. Pero allí seguían. Acechando. Agazapados en el hielo. Están muertos. Aun así, siguen caminando. Su ejército ha ido creciendo. Se alimenta de aquellos a los que han tenido que aniquilar primero. No hay alma. Tan solo hielo. Y ese destello acerado en unos ojos profundamente azules que de exánimes, producen un intenso desasosiego.

Cuando menos lo esperaban, cuando el poder los cegaba a todos ellos, de pronto llegaron. Existían. Era tarde. Había que creerlo. Y lo ha conseguido. El rey de todos ellos. Lo ha demostrado. La noche es oscura. Y está preñada de miedos. Desde lejos, sin marcharse las manos. Sin sentir como la vida se escapa entre sus dedos. Como lo hacen los cobardes. A distancia. Sin salpicarse. Sin sudor. Sin esfuerzo. Sin riesgos. Le tendieron la lanza. La asió sin dudarlo. Y ese destello. El destello de sus ojos azules. El destello de la vileza que le sale de muy adentro. Apuntó. La lanzó a los cielos. Sin ímpetu. Sin arrojo. Sin ganas. Sin aliento.

Se llevó por delante a Viserion. El de las alas rojas. El del aliento de fuego. Giraba sobre ella con las entrañas ardiendo. Y a su madre, la rompedora de cadenas, se le rompió algo por dentro. Querían despojarla de lo que la hacía más humana. De la carne de su carne. Del fuego de su fuego. Y aunque se lo han arrebatado, aunque con cadenas lo hayan sacado del fondo de un lago que hace las veces de cementerio, aunque ahora sus ojos tienen ese azul intenso de quien está vacío por dentro, ella no ha derramado apenas lágrimas. La pena que vaya por dentro. Porque no es momento de dejarse caer. En realidad, no hay tiempo. Le han arrancado una parte de su cuerpo. Lo que más amaba. Su hijo. Su vida. Su consuelo. Creen que han vencido. Que la han derrotado. Que no puede recuperarse de esto. Han podido matar a un dragón. Pero que no se equivoquen. Porque no va a dejar que otros asuman lo que es suyo. Su trono de hierro.