Los gallegos somos los paganos -no los únicos- de la que llamaré la paradoja de la deuda pública. La formularé con sendas proposiciones. España tiene un problema: su deuda pública crece más que su economía. Galicia tiene un problema añadido: su deuda pública crece menos que la de otras comunidades autónomas. Parece un contrasentido, pero es real como la vida misma. A los gallegos nos perjudica que la Administración del Estado se endeude en demasía -a fin de cuentas también somos españoles-, pero tampoco nos conviene que nuestro Gobierno autonómico se cohíba a la hora de recurrir al endeudamiento como el que más.
La deuda pública española se triplicó durante la crisis. Actualmente asciende a 1,139 billones de euros, la cifra más alta de la historia. La escalada se debe a la recesión económica, que redujo drásticamente los ingresos tributarios, y a gastos inevitables como el saneamiento de la banca, el aumento de pensionistas, las prestaciones por desempleo o las cargas financieras derivadas del veloz endeudamiento. Fruto, por tanto, de la atroz tormenta financiera desatada hace ocho años.
Amainó el temporal, pero la bola de nieve sigue creciendo. De hacer caso al Gobierno, España lidera el crecimiento en Europa. La economía española se halla en plena expansión, pero la deuda pública crece a mayor ritmo: en junio volvió a superar el 100 % del PIB. Y esto sí es grave y, a la postre, insostenible. Si las calderas de la economía funcionan a toda presión y el Estado no solo no rebaja su pasivo, sino que se endeuda para pagar las pensiones, apaga y vámonos. Eso no hay familia ni país que lo soporte.
Houston, tenemos un problema. Y los gallegos, dos. El Gobierno, ultimado ya el informe solicitado a un comité de expertos, se propone aligerar la carga que soportan las comunidades autónomas más endeudadas. Dos son las opciones que baraja: la condonación total o parcial de los préstamos que les hizo el Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) o mediante la reforma y mejora de su financiación. Cualquiera de ambas medidas beneficiará a las comunidades que sortearon la crisis con menores sacrificios y discriminará a las campeonas de la austeridad. Galicia, ay, entre estas.
La cuarta parte de la deuda pública española, unos 280.000 millones de euros, corresponde a las comunidades autónomas de régimen común. Galicia es de las menos endeudadas: 11.582 millones, 4,1 % del total; Cataluña, la que más: 75.443 millones, 27 % del total. De toda la deuda autonómica, más de la mitad ha sido contraída con el FLA. Galicia es de las que menos apelaron al fondo de liquidez: 4.317 millones, 2,9 % del total; Cataluña, la que más: 50.627 millones, 33,9 % del total. La conclusión es obvia. Cuando el Gobierno les saque las castañas del fuego a Cataluña -o a Valencia, Murcia y demás-, a Galicia le tocarán las migajas. Si alguna queda. Y nos quedaremos, de nuevo, con cara de parvos. Con nuestra sanidad y nuestra educación achicadas para que otros mantengan, boyantes, sus hospitales y sus colegios.