La furgoneta y la basura


El asunto prioritario de Cataluña, y el de todos los españoles, es vivir en paz y prosperidad. Estos días atrás la prioridad parecía otra. Hablaban tanto de la independencia que uno hasta se lo creía. Pero resulta que mientras las autoridades locales y autonómicas se cubrían con las esteladas y con el odio a los «españolistas» (Antonio Machado, por ejemplo), la rambla principal de Barcelona, un día 17 de agosto a las cinco de la tarde, estaba desprotegida contra el terrorismo y su miseria y sus miserables. Me cuesta concebir que en plena alerta en toda Europa, una furgoneta y unos asesinos puedan campar a sus anchas por el lugar más transitado de Barcelona.

Es tan hermosa Barcelona, y tenemos tanta gente querida por allí, que a uno le puede la ira y escribe a golpes de rabia. No hay nada que decir. Todo lo hemos dicho los columnistas de La Voz de Galicia. Nos harta este mundo sin sentido y, también, el escaso sentido común de algunos representantes públicos. ¿Qué dirán hoy Puigdemont y Junqueras? ¿Qué Gabriel Rufián y Tardá? ¿Habrá tenido la culpa España? Las autoridades están para preocuparse por el bienestar de la gente. Los que han permitido el atentado de ayer en Barcelona estaban a otra cosa: discutían sobre la independencia. Los unos y los otros. Parece inverosímil. No lo es. En pleno centro de Barcelona ha aterrizado de nuevo el terror. Ya va siendo hora de preocuparse por lo que verdad importa. El resto es basura. Basura ideológica, pero basura al fin y al cabo.

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