Son las ideas, señor Rajoy


Cuando allá por el 2011 el compostelano Mariano Rajoy llegó a la presidencia de España, lo festejé con varios artículos. Era un orgullo que un gallego, después de Casares Quiroga, arribase de nuevo a las orillas de la Moncloa. En el mundo cultural en que milito profesionalmente, pocos lo entendieron. Digo que la cultura es nacionalista o de izquierdas, o nacionalista y de izquierdas, o no es. Yo, sin embargo, depositaba esperanzas en un hombre que siempre me pareció honesto, tenaz y prudente. Confieso que mis vítores de entonces se convirtieron en agua derramada, casi llanto, cuando vi que el gallego Rajoy patinaba en asuntos elementales. El principal, la comunicación. Es que Mariano parecía más socialdemócrata que Zapatero en sus decires y promesas. En lo económico, continuó los recortes iniciados por el peor presidente de la democracia (leonés de infausto recuerdo), y en lo ideológico me pareció más de izquierdas que González: proletarios del mundo, uníos. Se tragó la Ley de Memoria Histórica tal como la habían concebido los prebostes del zapaterismo, ni siquiera discutió la Ley del Aborto (no fuera que Celia Villalobos se incomodase) y al frente de lo cultural puso a un socialista de espíritu, aunque con carné popular, casado entonces con una socialista de carné y de espíritu y émula de Sánchez. Hasta patrocinó el Ministerio de Cultura en el 2015 el festival Eñe, que era un evento de sesudos pronunciamientos humanistas que dirigió un escritor coruñés, verdadero príncipe de las mareas, y que consistió en invitar a amigos y cercanos y casi todos de izquierdas, no sea que a pesar del patrocinio público (o sea, de todos) se cuele en la cosa cultural un intelectual diestro. Es que la izquierda es así, muy de derechas: sectaria e intolerante y poseedora de la única verdad posible.

Pero no fue en lo cultural donde residió la aflicción del marianismo, sino en la comunicación. Yo aún no puedo creer cómo es posible que el hombre que salvó a España de morir ahogada, que supo colocarle la respiración artificial, que borró la prima de riesgo, subió el empleo, el PIB, la autoestima, sigue estando denostado en las encuestas. Su vicepresidenta, en cambio, aparece rozando los cuatro puntos, que tal como está el patio gubernamental (sus Montoros y De Guindos) no es poco. No lo entiendo. O sí. Porque mientras Sáenz de Santamaría es bien tratada por los medios en rojo vivo, una televisión, especialmente, al gallego Rajoy le saca la piel a diario. Él no supo trabajarlo. No construyó ideología. Se dejó ir ofreciendo datos y porcentajes. Pero los datos no ganan el corazón de la gente. Son las palabras, señor Rajoy. La comunicación. Ahí, en opinión de este escritor católico y provinciano, los conservadores han perdido la batalla. Las ideas son de izquierdas. Aunque las hojas de cálculo sean suyas, señor Rajoy.

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