El caos es una escalera


Todo empezó con un error. Fue J. F. Kennedy quien se equivocó, dijo que la palabra crisis se escribía en China con dos trazos que significan peligro y oportunidad y remató la jugada con una frase lapidaria, que también podrían haber firmado al alimón Paulo Coelho y el maestro de Karate Kid: «En una crisis toma conciencia del peligro, pero reconoce la oportunidad».

Si no fuera porque el malogrado presidente estadounidense debe parecerles un cerdo capitalista, la letanía de la crisis, la oportunidad y el peligro podría formar parte de la campaña de la CUP para ese referendo ilegal que quieren celebrar en Cataluña, la que va a servir para «barrer» -según el cartel de inspiración leninista del partido que sostiene la aventura de Puigdemont y compañía- a la monarquía, la Iglesia, la banca o las formaciones políticas tradicionales.

Extraños compañeros de viaje. Entre ellos no hay afecto. Comparten camino, pero no destino. Unos buscan escapar de la sombra de su corrupción y de su incompetencia, otros quieren la independencia, y también están los que usan la bandera como un disfraz. Esos prosperan con la inestabilidad, los que creen, como el el personaje más maquiavélico y traicionero de la serie Juego de tronos, que ese «hoyo enorme» llamado caos «es una escalera». Y quieren trepar por ella. ¿Para asaltar ese cielo llamado poder?

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El caos es una escalera