Hago selfies, luego existo


De las cavernas más primitivas a las viviendas más eficientes, de los pinceles de artistas de todas las culturas y espacios a los teclados de internautas de los sitios más insospechados. Posesivos o emocionales, los selfies han llegado -vai boa- para quedarse. 

Un selfie es una foto que una persona se toma a sí misma con la intención de subirla a las redes sociales. Presidentes de las potencias más poderosas del mundo, artistas de todo tipo y condición, empresarios de renombre y el sucesor de Pedro, entre otras celebrities, no han podido resistirse a su influjo.

Una construcción cultural, un medio de expresión, un trabajo de identidad cargado de simbolismo social, cultural y emocional presente en todos los momentos de nuestra vida que ha generado toda una enciclopedia de poses.

La presencia en un evento soñado, un cambio de imagen, una silueta de infarto, un propósito cumplido, la hermana más bella, una cena especial de amigos, un éxito en la cocina, una manicura genial, la mascota más adorable, en plena faena deportiva o miles de escenas más, sin olvidar las tradicionales fotos de los pies en la arena dorada de la playa. Momentos inolvidables ocupan las instantáneas de los internautas. Situaciones peligrosas y desafortunadas -de tan dudoso gusto que no merece la pena mencionar, ni dar ideas- ocupan también páginas y páginas digitales.

Somos fans irremediables del autorretrato. No solo el narcisismo, la seducción o la adquisición de popularidad justifican su práctica. Explicar una situación, apoyar visualmente una documentación o realizar una campaña de promoción se encuentran entre sus finalidades.  

¿Qué lo ha hecho tan popular e imprescindible? Su viralidad. Subir un selfie y antes de que te dé tiempo a pestañear dos veces, verlo compartido por cientos o miles de personas de todas partes del mundo es impensable para otro tipo de publicaciones. Decenas de millones de selfies se publican a diario.

¿Estás bien? No me lo digas, respóndeme con una foto tomada in situ con una amplia sonrisa, tu mejor pose y un fondo pensado para la ocasión, y me convencerás.

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Hago selfies, luego existo