En las urnas se paga la prepotencia


Afirma la mayoría, y con sólidas razones, que es la corrupción el gran sustractor de votos de un partido político. Cierto. No obstante, la corrupción puede atajarse. En primer lugar, con leyes y disposiciones y catarsis. Segundo, despreciando sin ambages a la escoria de los corruptos. Sin contemplaciones, o sea, sin transmitir ningún mensaje de ánimo o rechazando las llamadas de teléfono. A los corruptos, sin más, hay que hundirlos en su propia miseria y repugnancia. Y por supuesto, en la cárcel, previo pago de lo que hayan robado al erario público.

No obstante existe en política otro detractor de votos que es la prepotencia. Poco se repara en él, y los hombres y mujeres de la res publica transitan en sus cargos ajenos a esta realidad. Lo digo porque la encuesta de Sondaxe que ha publicado La Voz esta semana nos da pie para reflexionar sobre el asunto. Y si a la encuesta unimos el espectáculo festivo e hilarante de la moción de censura, la reflexión se tornará más pródiga y eficiente.

La encuesta de La Voz refleja, fundamentalmente, que la marea está baja. Que tuvo su momento, su instante y sus albricias, pero al llegar al poder comenzó a devalar, que es un verbo muy gallego y a la vez palabra que da título a una de las novelas del maestro de Trasalba, don Ramón Otero Pedrayo. La novela tiene mucho también de reflexión. Léanla si no lo han hecho todavía. Todo Otero, incluso en sus vertientes más ortodoxas, es prodigioso.

La encuesta, decía. Si yo fuera uno de los responsables de En Marea me pasaría este fin de semana en capilla: reflexionando, precisamente. Perder cinco puntos en intención de voto en unas elecciones generales es mucho, aunque se suba 1,6 puntos en las autonómicas. El motivo es claro: el PSdeG está deshecho. Han perdido los votos desde que ejercen el poder: al servicio de la gente, decían. No difiere la encuesta de otra publicada recientemente: afirmaba que solo tres alcaldes aprobaban según el criterio de los ciudadanos. Eran los de Vigo, Pontevedra y Ourense. Los peor valorados: Ferreiro, Noriega y Suárez. Me permito augurar un motivo para este devalar, esta mingua considerable: la prepotencia. Se han creído dueños de la verdad absoluta y se han pensado en posesión, también, de una altura moral que le niegan al resto de la ciudadanía, los que no los votan. Ha sido un error dificilmente corregible. Ven la paja en el ojo ajeno, pero nunca la viga en el propio. Si a Ferreiro lo pillan jugando en su tablet en el Parlamento, es una broma y jijí, jajá. Si lo hace uno del PP arden las redes sociales llamándole de todo. Si va en Audi, qué risa. Pero como se le ocurra subir al tal vehículo a un alcalde popular o socialista, arrancamos de dignidad y decimos que solo suben en Audi los oligarcas.

En conclusión, la soberbia o la prepotencia se pagan. Pero en las urnas (y esta lección debieran aprenderla todos los cargos de todos los partidos). La encuesta de Sondaxe apunta en esa dirección. Tiempos de marea baja.

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