Se acaban de reunir los dos primeros ministros de España y Portugal, Rajoy y Costa, en una cumbre que es la número 29, pero que se ha considerado muy especial, debido a la coyuntura estratégica que se vive en Europa, después del brexit y el portazo de Trump.
Las dos naciones quieren aprovechar el buen momento que viven. Portugal, con la euforia de ganar la Eurocopa y el reciente triunfo en el festival de la canción europea, además con el anuncio de haber superado la crisis económica, está de moda. España, por su parte, vive con menos alegrías, pero con la satisfacción de ser reconocida como una de las economías más adelantadas, con el turismo desbordante y el reconocimiento de ser una potencia, de las cuatro que en Versalles acordaron constituir el núcleo duro de la Unión Europea.
El brexit y la visita de Trump dejaron a Europa para que se arregle ella sola, por eso los dos países ibéricos se han apresurado a reforzarse mutuamente, presentando proyectos de infraestructuras, de cooperación transfronteriza, así como un mercado ibérico del gas y una candidatura para la Reserva de la Biosfera en el Tajo. Así, los siete ministros han firmado compromisos económicos, medioambientales, de energía e infraestructuras. Todo muy bien, pero la bomba es que los dos países se han comprometido a celebrar conjuntamente, en el 2019, el quinto centenario de la vuelta al mundo de Magallanes y Elcano, cuando es sabido que solo el español terminó el viaje, porque Magallanes se murió en Filipinas. Pelillos a la mar. Nunca mejor dicho.