Manifiesto de coartada


Me río yo de los diagnósticos que afirman que el proceso catalán está amortizado y que el Estado de derecho ha impuesto su autoridad con la sentencia de Artur Mas. Nada de nada, oiga: el procés está demasiado interiorizado y va demasiado lanzado para que se pueda frenar en seco. Los independentistas tienen, además, moral de victoria, creen que están en el mejor momento histórico para culminar su proyecto y están dispuestos a seguir adelante, aunque caiga sobre ellos una condena judicial: si no pueden ver los tanques por la Diagonal de Barcelona, piensan que sería una buena imagen internacional mostrar a todos sus gobernantes inhabilitados. El arma del victimismo.

La prueba estuvo en el manifiesto que Puigdemont y Junqueras publicaron ayer. Obsérvense los detalles: no irán juntos a las próximas elecciones porque anunciaron que romperán su coalición y, sin embargo, firman juntos un escrito para pedir un referendo acordado con el Estado. Son incompatibles en el gobierno que aún comparten, pero socios inseparables en su aspiración nacional. Y atención a Junqueras: ¿no decían que es el mirlo blanco por lo bien que se entiende con Soraya Sáenz de Santamaría? Es un hombre cortés, de trato afectuoso, pero es el soberanista de más pedigrí que dirige el partido con más historia en la reclamación de soberanía. Firmar con Puigdemont es un acto de reafirmación.

Y ambos se ponen al frente de una manifestación creciente: la de quienes quieren que el referendo se haga. Todos sabemos que no tiene encaje en la legalidad vigente y que, por lo tanto, el Gobierno de España no lo puede autorizar. Y, sin embargo, avisan: no renunciarán a decidir su futuro y harán «lo indecible» para que la consulta se celebre. Su escrito tiene un aire de busca de coartada para argumentar al final: «Hemos solicitado permiso, les hemos pedido solución acordada, y se nos respondió con un portazo. Como votar es un derecho, vamos a poner las urnas». Eso es lo que está en juego, mientras la CUP y la Asamblea Nacional Catalana vuelven a reclamar la DUI (declaración unilateral de independencia).

Y un detalle nada menor: Sociedad Civil Catalana convocó y celebró el domingo una manifestación contra el «golpe» de los separatistas. Acudieron 15.000 personas como máximo. Poca gente, si se compara con el millón que reúne el independentismo. Lo anoto con pena, porque ignoro si el españolismo no se manifiesta por miedo a ser identificado, lo cual muestra una sociedad amedrentada. O algo todavía peor: la idea de España encuentra pocos defensores en Cataluña. Júntese todo y se llegará a una conclusión: el proceso está vivo y todo contribuye a darle vitalidad. El referendo hará inevitable la confrontación.

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