Una nueva dinámica


Hace ya tiempo que ETA ha muerto. El anuncio de ayer forma parte del ritual funerario iniciado hace seis años con el comunicado del fin de la violencia. Este proceso se antoja largo y tedioso hasta que nos haga saber de su disolución definitiva. Disolución que tardará más o menos tiempo pero que, irremediablemente, llegará.

De nada sirvieron los 829 asesinados por la banda terrorista, ni el clima de terror en el que nos hizo vivir durante décadas, ni su alocada dinámica por la liberación de Euskadi. De nada. Si todos estos esfuerzos los hubiesen utilizado con más mesura y sentido común, probablemente a estas alturas estaríamos haciendo un balance bien diferente. Pero, como en el Chicago de los años veinte, creyeron que sembrando el terror lograrían sus fines y ahora, como hacen los ejércitos derrotados, entregan sus armas humillados, deshonrados y avergonzados.

Llegados a este punto debemos de afrontar el futuro con realismo. No podemos ser tan cándidos de exigirles, además del arrepentimiento público, la petición de perdón y la asunción de las responsabilidades civiles y económicas.

Tiempo atrás este Gobierno exigió la entrega de armas y la disolución de ETA para entrar en «una nueva dinámica» A partir de hoy dispone de elementos novedosos para iniciar ya esa dinámica, que debe pasar irremediablemente por facilitar el acercamiento de los presos. No será una victoria etarra. Porque hace tiempo que ETA ha muerto. Ahora solo queda el acto definitivo de su disolución, que es lo mismo que echar el cierre al ataúd.

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