¿A qué estáis esperando?


El brutal asesinato de Chapela aún resuena. 2016 nos dejó con el balance de 883 asesinatos machistas en los últimos 13 años y desde enero ya sumamos 17 más. Otro está en fase de investigación y no hay que olvidar a las dos niñas asesinadas en Madrid y Daimiel, con lo que estaríamos en veinte. No incluyo a los cinco suicidados porque predomina su rol de asesinos antes que víctimas, ni contabilizo a las hijas e hijos que siguen vivos y con un terrible trauma encima.

Un somero análisis nos habla de que esta barbarie no es selectiva ni por origen, edad, formación o cualquier otro sesgo que no sea el hecho de haber tenido algún tipo de relación sentimental o familiar con su asesino. El caso contrario no existe o es tan ínfimo que no tiene presencia estadística... y creo que se ha dicho todo ya al respecto. Yo, en particular, hasta la saciedad en esta misma columna desde hace más de veinte años. Pueden entender la desesperación ante la inutilidad de la denuncia pública porque constato que mientras no cambie la relación en lo privado y la actitud en lo público, esta plaga es inmanejable.

¿Qué pasaría si en este período de tiempo, poco más de una década, se computaran casi mil muertes de seres humanos por cualquier razón vinculada con la violencia? Estarían reventando todas las cañerías del sistema.

No hay mucho más que añadir después del escándalo y la perplejidad que semejante situación nos produce a quienes hemos hecho de esto una razón para la movilización social y la defensa de los derechos humanos. Por mi parte, lo tengo claro: no sumarse a la condena y al activismo contra la barbarie, significa ser cómplice del terror, seas hombre, mujer o marciano, pero que no estés todavía no quiere decir que no te estemos esperando. Lo advirtió Concepción Arenal: «La resignación no es más que el hábito de sufrir». El problema es que tu resignación puede ayudar a que sigan asesinando a mujeres, así que hay que ponerse las pilas.

La misoginia está tan dentro de las costumbres socialmente aceptadas que tal vez no has reparado en las atrocidades que justifica. No puedo creer que pienses, como Nietzsche, «que todo en la mujer tiene una única solución que se llama embarazo». O como Henry Miller: «Gozo de las mujeres como de los perros porque son otra especie a la que se le coge cariño»... o el mismísimo Platón: «Dado que la naturaleza humana es dual, hay que llamar hombre a la mejor clase». No se puede compartir esta forma de entender la sociedad. Por eso te hablo especialmente a ti, amigo, hermano, hijo, padre, compañero... si de veras te sientes ajeno a esta violenta estupidez, sal de la burbuja del «no va conmigo»; movilízate, ponte en marcha, y emprende la digna tarea de comprometerte a erradicar una lacra que te va a tocar quieras o no. Por activo o por pasivo.

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